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miércoles, 27 de noviembre de 2013

17.LA CAJA


Los finales fueron una maldición para todo el mundo excepto para mí. Me mantuvieron ocupada, estudiando con Kara y América en mi habitación y en la biblioteca. Cuando el horario cambió para las pruebas, sólo vi a Travis de paso. Me iba a casa con América durante las vacaciones de invierno, agradecida de que Shepley se hubiera quedado con Travis ya que así no sufriría su muestra constante de afecto.
Los últimos cuatro días de vacaciones cogí un resfriado, lo que me dio una buena razón para quedarme en la cama. Travis dijo que él quería que fuéramos amigos, pero no había llamado. Fue un alivio tener un par de días para revolcarme en la autocompasión. Yo quería sacarlo de mi sistema antes de regresar a la escuela.
El viaje de regreso a Eastern pareció durar años. Yo estaba ansiosa por empezar el semestre de primavera, pero estaba mucho más ansiosa por ver otra vez a Travis. Aunque me di cuenta, las pocas veces que lo había visto, de que era insensible a las hordas de chicas que se acercaban a él después de las noticias de nuestra ruptura, él parecía contento con nuestra nueva amistad. Habíamos pasado casi un mes separados, dejándome nerviosa e insegura acerca de cómo actuar en torno a él.
El primer día de regreso, una renovada energía se había arrastrado por el campus, junto con un manto de nieve. Las nuevas clases y los nuevos compañeros de clase significaban nuevos amigos y un nuevo comienzo. Yo no tenía una sola clase con Travis, Parker, Shepley ni América, pero Finch estaba en todas excepto en una de los mías.
Ansiosamente esperé a Travis en el almuerzo, pero cuando llegó, simplemente me guiñó un ojo y luego se sentó en el extremo de la mesa con el resto de sus hermanos de fraternidad. Traté de concentrarme en la conversación de América y Finch sobre el partido de fútbol de la temporada pasada, pero la voz de Travis mantenía capturada mi atención. Estaba relatando las historias de sus aventuras y problemas con la ley que había tenido durante las vacaciones, y la noticia sobre la nueva novia de Trenton que habían conocido una noche mientras estaban en The Red Door. Me preparé para la mención de cualquier chica que hubiera llevado a casa o conocido, pero si lo había hecho, no lo estaba compartiendo con sus amigos.
Bolas metálicas rojas y doradas todavía colgaban del techo de la cafetería, balanceándose con la corriente de los calefactores. Me rodeé con mi chaqueta, y Finch lo notó, abrazándome a él y frotándome el brazo. Sabía que yo estaba prestando demasiada atención a la dirección general de Travis, esperando que él me mirara, pero él parecía haber olvidado que yo estaba sentada en la mesa.
Una vez que terminó su almuerzo, mi corazón se agitó cuando caminó detrás de mí y puso sus manos sobre mis hombros.
— ¿Qué tal tus clases, Shep? —Preguntó.
Shepley puso mala cara. —Los primeros días apestan. Horas de programas de estudio y las reglas de clase. Ni siquiera sé por qué me presento la primera semana. ¿Y tú?
—Eh... todo es parte del juego. ¿Qué tal tú, Pidge? —Preguntó.
—Lo mismo —dije, tratando de mantener mi voz casual.
— ¿Has tenido unas buenas vacaciones? —Preguntó, juguetonamente balanceándome de lado a lado.
—Bastante bueno. —Sonreí.
—Fantástico. Tengo otra clase. Hasta más tarde.
Le observé ir en línea recta hacia las puertas, empujándolas para abrirlas, y luego encendiendo un cigarrillo mientras caminaba.
—Huh —dijo América un tono agudo. Observó a Travis atravesar el verde a través de la nieve, y luego sacudió la cabeza.
— ¿Qué, cariño? —Preguntó Shepley.
América apoyó la barbilla en la palma de su mano, pareciendo molesta. —Eso fue un poco raro, ¿no?
— ¿Cómo fue eso? —Preguntó Shepley, agitando la trenza rubia de América hacia atrás para acariciar con sus labios su cuello.
América sonrió y se inclinó hacia su beso. —Está casi normal... tan normal como puede ser Trav. ¿Qué pasa con él?
Shepley sacudió la cabeza y se encogió de hombros. —No sé. Ha estado así durante un tiempo.
— ¿Cómo de ilógico es eso, Abby? Él está bien y tú estás triste —dijo América, despreocupada de los oídos atentos.
— ¿Estás triste? —Preguntó Shepley con una expresión de sorpresa.
Mi boca se abrió y mi cara ardió de vergüenza al instante. — ¡Yo no lo estoy!
Removió la ensalada del bol. —Bueno, él está malditamente cerca de estar extasiado.
—Déjalo, Mare —le advertí.
Ella se encogió de hombros y dio otro mordisco. —Creo que él está fingiendo.
Shepley le dio un codazo. — ¿América? ¿Vas a ir a la fiesta del Día de San Valentín conmigo o qué?
— ¿No puedes preguntarme como un novio normal? ¿Agradablemente?
—Te lo he pedido varias veces... Me sigues diciendo que te lo pregunte más tarde.
Ella se dejó caer en su silla, haciendo un mohín. —No quiero ir sin Abby.
El rostro de Shepley se contrajo con frustración. —Ella estuvo con Trav todo el tiempo la última vez. Apenas la viste.
—Deja de comportarte como un bebé, Mare —dije, lanzando un tallo de apio hacia ella.
Finch me dio un codazo. —Yo te llevaría, Cupcake, pero no formo parte de todo el asunto de los chicos de fraternidad, lo siento.
—Eso es realmente una maldita buena idea —dijo Shepley, sus ojos brillantes.
Finch hizo una mueca ante la idea. —Yo no soy un Sig Tau, Shep. Yo no soy nada. Las fraternidades están en contra de mi religión.
— ¿Por favor, Finch? —le pidió América.
—Déjà vu —me quejé.
Finch me miró por el rabillo de su ojo y luego suspiró. —No es nada personal, Abby. No puedo decir que haya salido alguna vez en una cita... con una chica.
—Lo sé. —Sacudí mi cabeza con desdén, sacudiendo mi profunda vergüenza—. Está bien. Realmente.
—Te necesito allí —dijo América—. Hicimos un pacto, ¿recuerdas? A ninguna fiesta solas.
—Difícilmente estarás sola, Mare. Deja de ser tan dramática —dije, ya molesta con la conversación.
— ¿Quieres dramatismo? Empujé un bote de basura al lado de tu cama, sosteniendo una caja de Kleenex para ti toda la noche, ¡y me levanté para ir a por la medicina para la tos dos veces cuando enfermaste durante las vacaciones! ¡Me lo debes! Arrugue la nariz. — ¡He sostenido tu cabello para vomitar demasiadas veces, América Mason!
— ¡Estornudaste en mi cara! —dijo, señalando su nariz.
Me soplé el flequillo de los ojos. Nunca podía discutir con América cuando ella estaba decidida a salirse con la suya.
—Bien —dije entre dientes. — ¿Finch? —Le pregunté con mi mejor sonrisa falsa—. ¿Quieres ir a la estúpida fiesta de San Valentín de los Sig Tau conmigo?
Finch me abrazó contra su costado. —Sí. Pero sólo porque la llamaste estúpida.
Caminé a clase con Finch después del almuerzo, hablando de la cita para la fiesta y cuánto la temíamos ambos. Elegimos un par de escritorios en nuestra clase de Fisiología, y yo sacudí mi cabeza cuando el profesor comenzó mi cuarto programa de estudios del día. La nieve comenzó a caer una vez más, impactando contra las ventanas, pidiendo amablemente la entrada y a continuación cayendo con decepción a la tierra.
Después de acabar la clase, un chico que conocí de una sola vez en la Casa de los Sig Tau dio golpes en mi escritorio mientras caminaba por al lado, guiñando un ojo. Ofrecí una sonrisa de cortesía y luego miré a Finch. Él me lanzó una sonrisa irónica, y yo recogí mis libros y mi laptop, metiéndolos en mi mochila con un pequeño esfuerzo.
Colgué la mochila sobre mis hombros y caminé con dificultad hacia Morgan a lo largo de la acera llena de nieve. Un pequeño grupo de estudiantes había comenzado una bola de nieve en las pistas, y Finch se estremeció ante la vista de ellos, cubiertos de polvo incoloro.
Mi rodilla se tambaleó, me mantuve acompañando a Finch mientras terminaba su cigarrillo. América se apresuró a nuestro lado, frotándose juntos los guantes de color verde brillante.
— ¿Dónde está Shep? —Pregunté.
—Se fue a casa. Travis necesitaba ayuda con algo, supongo.
— ¿No te fuiste con él?
—Yo no vivo allí, Abby.
—Sólo en teoría —le hizo un guiño América puso los ojos en blanco. —Disfruto pasando tiempo con mi novio, así que me demándenme.
Finch tiró su cigarrillo en la nieve. —Me voy, señoritas. ¿Os veré en la cena?
América y yo asentimos, sonriendo cuando Finch primero besó mi mejilla y luego la de América. Él permaneció en la acera mojada, con cuidando de mantenerse en el medio para que no perder el equilibrio y caerse en la nieve.
América negó con la cabeza ante sus esfuerzos. —Es ridículo.
—Él es de Florida, Mare. No está acostumbrado a la nieve.
Ella se rió y tiró de mí hacia la puerta.
— ¡Abby!
Me volví para ver correr Parker corriendo y pasando a Finch. Se detuvo, recuperando el aliento un instante antes de hablar. Su abrigo de pelaje gris se hinchaba con cada respiración, y me reí ante la mirada curiosa de América mientras lo observaba.
—Yo estaba... ¡whew! Iba a preguntarte si querías tomar un bocado para comer esta noche.
—Oh. Yo eh... Ya le dije a Finch que comería con él.
—Está bien, no es gran cosa. Simplemente iba a ir a la nueva hamburguesería del centro. Todo el mundo está diciendo que es muy buena.
—Quizá la próxima vez —dije, dándome cuenta de mi error. Yo esperaba que no tuviera en cuenta mi respuesta impertinente como un aplazamiento.
Él asintió con la cabeza y metió las manos en los bolsillos, caminando rápidamente de vuelta por donde vino.
Kara estaba leyendo delante de nosotras su flamante nuevo libro, haciéndonos una mueca a América y a mí cuando entramos. Su comportamiento no había mejorado desde que habíamos regresado de las vacaciones.
Antes, había pasado tanto tiempo donde Travis que los comentarios insufribles de Kara y su actitud eran tolerables.
Al pasar todas las mañanas y las noches con ella durante las dos semanas antes de que el semestre finalizara, estaba empezando a arrepentirme de mi decisión de no compartir la habitación con América.
—Oh, Kara. Cuanto te he echado de menos —dijo América.
—El sentimiento es mutuo —se quejó Kara, con los ojos en su libro.
América conversó acerca de su día y los planes con Shepley para el fin de semana. Navegamos por Internet en busca de videos divertidos, riendo tan fuerte que nos teníamos que secar las lágrimas. Kara resopló un par de veces ante nuestro estruendo, pero no le hizo caso.
Estaba agradecida de la visita de América. Las horas pasaron tan rápido que no me pasé ni un momento preguntándome si Travis había llamado, hasta que ella decidió que tenía que irse.
América bostezó y miró su reloj. —Me voy a la cama, Ab... ¡Oh, mierda! —dijo, chasqueando los dedos—. Dejé mi bolsa de maquillaje en donde Shep.
—Eso no es una tragedia, Mare —dije, todavía riendo desde el último vídeo que habíamos visto.
—No lo sería si yo no tuviera mi control de natalidad allí. Vamos. Tengo que ir a por ello.
— ¿No puedes simplemente conseguir que Shepley te los traiga?
—Travis tiene su coche. Está en Red con Trent.
Me sentí enferma. — ¿Otra vez? ¿Por qué está saliendo con Trent tanto, de todos modos?
América se encogió de hombros. — ¿Importa? ¡Vamos!
—No quiero tropezarme con Travis. Será extraño.
— ¿Alguna vez me escuchas? Él no está ahí, está en Red. Vamos —se quejó ella, tirando de mi brazo.
Me puse de pie con leve resistencia leve a medida que me sacaba de la habitación.
—Al fin —dijo Kara.
Nos detuvimos al apartamento de Travis, y me di cuenta de que la Harley estaba aparcada debajo de las escaleras, y que el Charger de Shepley había desaparecido. Di un suspiro de alivio, y seguí a América por los escalones helados.
—Cuidado —advirtió ella. Si hubiera sabido cómo de difícil sería poner un pie en el apartamento otra vez, no habría permitido que América me convenciera para ir allí. Toto vino correteando por la esquina a toda velocidad, estrellándose en mis piernas cuando sus patitas fallaron en conseguir tracción en las baldosas de la entrada. Lo recogí, dejándole que me saludara con besos de bebé. Por lo menos él no me había olvidado.
Yo lo llevé cargado al rodear el apartamento, esperando mientras que América buscaba en su bolsa.
— ¡Sé que lo dejé aquí! —dijo desde el cuarto de baño, pisando fuerte desde el pasillo hacia la habitación de Shepley.
— ¿Buscaste en el armario debajo del fregadero? —Preguntó Shepley.
Miré mi reloj. —Date prisa, Mare. Tenemos que irnos.
América suspiró con frustración desde la habitación.
Miré mi reloj otra vez, y luego me sobresalté cuando la puerta se abrió de golpe detrás de mí. Travis tropezó al entrar con los brazos envueltos alrededor de Megan, quien estaba riendo contra su boca. Una caja en su mano me llamó la atención, y me sentí enferma cuando me di cuenta de lo que era: condones. Su otra mano estaba en la parte posterior de su cuello, y yo no podría decir los brazos de quién se enroscaban en torno a quién.
Travis tuvo una reacción tardía cuando me vio sola, parada en mitad de la sala, y entonces se congeló, Megan levantó la mirada con una sonrisa residual aún en su rostro.
—Pigeon —dijo Travis, aturdido.
— ¡Lo encontré! —Dijo América, corriendo fuera de la habitación Shepley.
— ¿Qué haces aquí? —Preguntó él. El olor a whisky voló con los copos de nieve, y mi ira incontrolable superó cualquier necesidad de fingir indiferencia.
—Es bueno ver que pareces a tu antiguo yo, Trav —dije. El calor que irradiaba de mi cara quemaba mis ojos y emborronaba mi visión.
—Nos estábamos yendo —gruñó América, agarrando mi mano, mientras pasábamos a Travis.
Nos precipitamos escaleras abajo hacia su coche, y yo me sentí agradecida de que sólo estuviera un poco más allá, sintiendo las lágrimas brotando de mis ojos. Casi me caí hacia atrás cuando mi abrigo se enganchó en algo a medio paso. La mano de América se deslizó fuera de la mía y ella se dio la vuelta al mismo tiempo que yo.
El puño de Travis estaba agarrando mi abrigo y mis oídos parecían arder, escociendo en el frío de la noche. Sus labios y su cuello estaban de un ridículo tono de color rojo oscuro.
— ¿A dónde vas? —Dijo, medio borracho, con una mirada medio confundida en sus ojos.
—A casa —le contesté toscamente, estirando mi abrigo cuando me soltó.
— ¿Qué estás haciendo aquí?
Yo podía oír el crujido nieve acumulada bajo los pies de América, mientras caminaba detrás de mí, y Shepley se precipitó escaleras abajo para quedarse pie detrás de Travis, con los ojos fijos y cautelosos en su novia.
—Lo siento. Si yo hubiera sabido que ibas a estar aquí, no habría venido.
Él se metió las manos en los bolsillos del abrigo. —Puedes venir aquí cuando quieras, Pidge. Nunca quise que te mantuvieras alejada.
Yo no podía controlar la acidez en mi voz. —No quiero interrumpir. —Levanté la mirada a lo alto de las escaleras donde Megan estaba parada con una expresión de suficiencia—. Disfruta de tu noche —dije, dándome la vuelta.
Me agarró del brazo. —Espera. ¿Estás enfadada?
Tiré de mi abrigo para quitarme de su agarre. —Sabes... ni siquiera sé por qué me sorprende.
Sus cejas se fruncieron. —No puedo ganar contigo. ¡Nunca hago nada bien contigo! Me dices que tú lo has superado... ¡Me siento malditamente miserable con esto! Tuve que romper mi teléfono en mil pedazos para evitar llamarte a cada minuto de cada maldito día. He tenido que aparentar que todo está bien en la escuela para que puedas ser feliz... ¿Y estás jodidamente enojada conmigo? ¡Me rompiste el jodido corazón! —Sus últimas palabras hicieron eco en la noche.
—Travis, estás borracho. Deja que Abby se vaya a casa —dijo Shepley.
Travis me agarró de los hombros y me empujó hacia él. — ¿Me quieres o no? ¡No puedes seguir haciéndome esto, Pidge!
—No he venido aquí para verte —dije, levantando la mirada hacia él.
—Yo no la quiero —dijo, mirando fijamente mis labios—. Sólo estoy tan jodidamente triste, Pigeon. —Sus ojos mostraron determinación y se inclinó hacia adelante, inclinando la cabeza para besarme.
Le agarré por la barbilla, echándole hacia atrás. —Tienes su lápiz labial en tu boca, Travis —dije, disgustada.
Él dio un paso atrás y se levantó la camisa, limpiándose la boca. Se quedó mirando fijamente las rayas rojas en el tejido blanco y sacudió la cabeza. —Yo sólo quería olvidar. Sólo por una maldita noche.
Me sequé una lágrima que se escapó. —Entonces no dejes que te lo impida.
Traté de hacer mi retirada hacia el Honda, pero Travis me agarró del brazo otra vez. Al momento siguiente, América estaba golpeando el brazo con sus puños. Él la miró, parpadeando por un momento, con incredulidad. Ella sin dejar de golpear con sus puños y golpeándolos contra su pecho hasta que me liberó.
— ¡Déjala en paz, hijo de puta!
Shepley la agarró y ella lo apartó, girándose para abofetear la cara de Travis. El sonido de su mano contra la mejilla fue rápido y fuerte, y me estremecí con el ruido.
Todo el mundo se congeló por un momento, sorprendidos por la rabia repentina de América.
Travis frunció el ceño, pero él no se defendió. Shepley la agarró de nuevo, sosteniendo sus muñecas y tirando de ella hacia su coche mientras ella se revolvía.
Ella luchó contra él, su pelo rubio balanceándose con sus intentos de escapar. Me quedé sorprendida por su determinación para alcanzar a Travis. El odio puro brillaba en sus, por lo general, dulces y alegres ojos.
— ¿Cómo pudiste? ¡Ella merecía algo mejor de ti, Travis!
—América, ¡DETENTE! —Gritó Shepley, más fuerte de lo que nunca le había oído.
Sus brazos cayeron a sus costados mientras miraba a Shepley con incredulidad. — ¿Estás defendiéndolo?
Aunque parecía nervioso, él se mantuvo firme. —Abby rompió con él. Sólo está tratando de seguir adelante.
Sus ojos se entrecerraron y tiró de su brazo para salir de su agarre.
—Bueno, entonces ¿por qué no vas a buscar un PUTA cualquiera, —miró a Megan—, del Red y la traes a casa para follar, y luego me haces saber si te ayuda a olvidarte de mí?
—Mare. —Shepley la agarró, pero ella lo evadió, cerrando de golpe la puerta cuando ella se sentó detrás del volante. Me senté a su lado, tratando de no mirar a Travis.
—Bebé, no te vayas —suplicó Shepley, inclinándose hacia abajo en la ventana.
Ella encendió el auto. —Hay un lado correcto y un lado incorrecto aquí, Shep. Y estás en el lado equivocado.
—Estoy en tu lado —dijo, sus ojos desesperados.
—Ya no, no lo estás —dijo, echando marcha atrás.
— ¿América? ¡América! —Gritó Shepley tras ella mientras aceleraba por la carretera, dejándole detrás.
Suspiré. —Mare, no puedes romper con él por esto. Él tiene razón.
América puso su mano sobre la mía y la apretó. —No, no la tiene. Nada de lo que acaba de pasar fue correcto.
Cuando nos detuvimos en el estacionamiento al lado de Morgan, el teléfono de América sonó. Ella puso en blanco los ojos mientras contestaba—: No quiero que me llames más. Lo digo en serio, Shep —dijo—. No, no eres... porque no quiero que lo hagas, por eso. No puedes defender lo que él ha hecho, no puedes tolerar que lastime así a Abby y estar conmigo... ¡eso es exactamente lo que quiero decir, Shepley! ¡No importa! ¡No ves a Abby liarse con el primer chico que ve! No es por Travis, ese es el problema, Shepley. ¡Él no te pidió que lo defendieras! Ugh... He terminado de hablar de esto. No me llames otra vez. Adiós.
Salió de golpe del coche y fue pisando fuerte a través de la carretera y subió las escaleras. Traté de mantener el paso con ella, a la espera de escuchar el otro lado de la conversación.
Cuando su teléfono sonó de nuevo, lo apagó. —Travis hizo que Shep llevara a Megan a casa. Quería pasarse por aquí al volver.
—Deberías darle la oportunidad, Mare.
—No. Tú eres mi mejor amiga. No puedo soportar lo que vi esta noche, y no puedo estar con alguien que lo defienda. Fin de la conversación, Abby, lo digo en serio.
Asentí con la cabeza y ella me abrazó por los hombros, tirando de mí hacia su costado mientras subíamos las escaleras hacia nuestras habitaciones.
Kara ya estaba dormida, y me salté la ducha, metiéndome en la cama completamente vestida, abrigo y todo. Yo no podía dejar de pensar en Travis tambaleándose en la puerta con Megan, o el lápiz labial rojo restregado por su rostro. Traté de bloquear las repugnantes imágenes de lo que habría sucedido si no hubiera estado allí, y me arrollaron varias emociones, rayando la desesperación.
Shepley estaba en lo cierto. Yo no tenía derecho a estar enojada, pero no ayudaba a ignorar el dolor.
Finch negó con la cabeza cuando me senté en la mesa junto a él. Yo sabía que me veía horrible; yo apenas tuve energía para cambiarme de ropa y cepillarme los dientes. Yo había dormido sólo una hora la noche anterior, incapaz de librarme del recuerdo de los labios pintados de rojo en la boca de Travis ni de la culpabilidad de que Shepley y América hubieran roto.
América optó por quedarse en la cama, sabiendo que una vez que la ira cediera, la depresión se instalaría. Ella amaba Shepley, y aunque estaba decidida a terminar las cosas porque él había elegido el lado equivocado, ella estaba dispuesta a sufrir la reacción de su decisión.
Después de clase, Finch me acompañó hasta la cafetería. Como había temido, Shepley estaba esperando en la puerta a América.
Cuando me vio, no dudó.
— ¿Donde está Mare?
—No vino a clase esta mañana.
— ¿Ella está en su habitación? —dijo, dirigiéndose a Morgan.
—Lo siento, Shepley —dije desde atrás.
Se quedó paralizado y se dio la vuelta, con el rostro de un hombre que había llegado a su límite. — ¡Desearía que Travis y tú terminaran con esta mierda! ¡Son un maldito tornado! Cuando son felices, todo es amor y paz y mariposas. ¡Cuando están enojados, arrasan hacia abajo a todo el jodido mundo ustedes!
Se alejó con pasos fuertes y yo exhalé el aliento que estaba sosteniendo. —Eso fue bien.
Finch me llevó a la cafetería. —Todo el mundo. Wow. ¿Crees que podría funcionar tu vudú antes de la prueba el viernes?
—Veré lo que puedo hacer.
Finch eligió una mesa diferente, y yo estuve más que feliz de seguirlo allí. Travis se sentó con sus hermanos de fraternidad, pero él no tenía una bandeja y no se quedó mucho tiempo. Él me vio justo cuando se iba, pero él no se detuvo.
—Entonces, América y Shepley rompieron, también, ¿eh? —Preguntó Finch, mientras masticaba.
—Estuvimos anoche en donde Shep y Travis llegó a casa con Megan y... fue un desastre. Ellos tomaron partes.
—Ay.
—Exactamente. Me siento muy mal.
Finch me dio unas palmaditas en la espalda. —No puedes controlar las decisiones que toman, Abby. Así que, ¿supongo que esto significa que podremos saltarnos la fiesta de San Valentín en Sig Tau?
—Eso parece.
Finch sonrió. —Todavía te llevaré a algún sitio. Las llevaré a ti y a Mare. Será divertido.
Me apoyé en su hombro. —Eres el mejor, Finch.
Yo no había pensado en San Valentín, pero yo estaba contenta de tener planes. No me podía imaginar cómo de triste me sentiría pasarlo con América solamente, escuchar su perorata sobre Shepley y Travis toda la noche. Ella todavía haría eso—no sería América si ella no lo hiciera—pero al menos sería una diatriba limitada si estábamos en público.
Las semanas de enero pasaron, y después de un intento loable, pero fallido por parte de Shepley para conseguir que América volviera con él, vi cada vez menos a él y a Travis. En febrero, ellos dejaron de ir a la cafetería todos juntos, y sólo vi a Travis unas cuantas veces en mi camino a clase.
El fin de semana antes del Día de San Valentín, América y Finch me convencieron para ir al Red, y durante todo el camino en coche hacia el club, temía ver a Travis allí. Nosotras entramos, y yo respiré con alivio al no ver ninguna señal de él.
—Primeras rondas de mi parte —dijo Finch, señalando una mesa y deslizándose entre la multitud hacia la barra.
Nos sentamos y vimos como la pista de baile pasaba de estar vacía a rebosar de estudiantes universitarios borrachos.
Después de nuestra quinta ronda, Finch nos empujó a la pista de baile, y finalmente me sentí lo suficientemente relajada para pasar un buen rato. Nos reímos y chocamos una contra otra, riendo histéricamente cuando un tipo balanceó a su pareja de baile dando una vuelta y ella perdió su mano, deslizándose por el suelo sobre su costado.
América levantó las manos por encima de la cabeza, agitando sus rizos con la música. Me reí de su rostro habitual de baile y luego me detuve abruptamente cuando vi venir a Shepley detrás de ella. Le susurró algo al oído y ella se volteó. Intercambiaron palabras y luego América tomó mi mano, llevándome a nuestra mesa.
—Por supuesto. La noche en que salimos, y él aparece —refunfuñó.
Finch nos trajo dos copas más, incluyendo un chupito para cada uno. —Pensé que podrían necesitarlos.
—Pensaste correctamente. —América inclinó la cabeza hacia atrás antes de que pudiéramos brindar y sacudí la cabeza, chocando mi copa con la de Finch. Traté de mantener mis ojos en los rostros de mis amigos, preocupada de que si Shepley estaba allí, Travis no estaría muy lejos.
Otra canción sonó por los altavoces y América se puso de pie. —A la mierda. No me voy a quedar sentada en esta mesa el resto de la noche.
— ¡Bravo chica! —Finch sonrió, siguiéndola a la pista de baile.
Los seguí, mirando a mi alrededor buscando a Shepley. Había desaparecido, y me relajé, tratando de quitarme de encima la sensación de que Travis se presentaría en la pista de baile con Megan. Un chico que había visto por el campus bailaba detrás de América, y ella sonrió, dando la bienvenida a la distracción. Tenía la sospecha de que ella estaba haciendo un show para su propio disfrute, con la esperanza de que Shepley lo vería. Aparté la mirada por un segundo, y cuando miré de nuevo a América, su pareja de baile ya no estaba. Ella se encogió de hombros, sin dejar de agitar sus caderas al ritmo.
La siguiente canción empezó a sonar y un chico diferente apareció detrás de América, su amigo bailando junto a mí. Después de unos momentos, mi pareja de baile maniobró detrás de mí, y me sentí un poco insegura cuando sentí sus manos en mis caderas. Como si hubiera leído mi mente, sus manos dejaron mi cintura. Miré detrás de mí, y él se había ido. Miré hacia América, y el hombre detrás de ella se había ido también.
Finch parecía un poco nervioso, pero cuando América levantó una ceja ante su expresión, sacudió la cabeza y continuó bailando.
Para la tercera canción, estaba sudorosa y cansada. Me retiré a nuestra mesa, apoyando mi cabeza pesada en mi mano, y me eché a reír mientras veía a otro esperanzado pidiendo a América un baile.
Ella me guiñó un ojo desde la pista de baile, y luego yo me puse rígida cuando lo vi siendo empujado hacia atrás, desapareciendo entre la multitud.
Me puse de pie y caminé alrededor de la pista de baile, manteniendo mi ojo en el sitio a donde él fue empujado, y sentí la adrenalina quemar a través del alcohol en mis venas cuando vi a Shepley sujetando por el cuello al tipo en cuestión. Travis estaba a su lado, riendo histéricamente hasta que levantó la vista y me vio observándoles. Él golpeó el brazo de Shepley, y cuando Shepley miró en mi dirección, empujó a la víctima de espaldas sobre el suelo.
No me tomó mucho tiempo averiguar lo que estaba pasando: habían estado sacando a los chicos que estaban bailando con nosotras fuera de la pista de baile y amenazándoles para que se mantuvieran alejados de nosotras.
Entrecerré los ojos hacia ellos y luego me dirigí a América. La multitud era densa, y yo tuve que empujar a algunas personas fuera de mi camino. Shepley me agarró la mano antes de que llegara a la pista de baile.
— ¡No se lo digas! —Dijo, tratando de suavizarlo con su sonrisa.
— ¿Qué demonios crees que estás haciendo, Shep?
Se encogió de hombros, todavía orgulloso de sí mismo. —La quiero. No puedo permitir que otros chicos bailen con ella.
—Entonces, ¿cuál es tu excusa para tirar del tipo que estaba bailando conmigo? —dije, cruzándome de brazos.
—Ese no fui yo —dijo Shepley, rápidamente echando un vistazo a Travis—. Lo siento, Abby. Estábamos simplemente divirtiéndonos.
—No es divertido.
— ¿El qué no es divertido? —dijo América, mirando fijamente a Shepley.
Él tragó saliva, disparándome una mirada suplicante en mi dirección. Yo le debía un favor, así que mantuve la boca cerrada. Él suspiró de alivio cuando se dio cuenta de que no lo delataría, y luego miró a América con dulce adoración. — ¿Quieres bailar?
—No, no quiero bailar —dijo ella, caminando de regreso a la mesa. Él la siguió, dejándonos a Travis y mí parados juntos.
Travis se encogió de hombros. — ¿Quieres bailar?
— ¿Qué? ¿Megan no está aquí?
Él negó con la cabeza. —Solías ser una borracha dulce.
—Feliz de decepcionarte —dije, volviéndome hacia la barra.
Él me siguió, empujando a dos chicos de sus asientos. Le miré fijamente por un momento, pero no me hizo caso, se sentó y luego me observó con una expresión expectante.
— ¿Vas a sentarte? Te invito a una cerveza.
—Pensé que no comprabas bebidas para chicas en el bar.
Él inclinó la cabeza en mi dirección, con un gesto impaciente. —Eres diferente.
—Eso es lo que dices.
—Vamos, Pidge. ¿Qué pasó con eso de ser amigos?
—No podemos ser amigos, Travis. Obviamente.
— ¿Por qué no?
—Porque no quiero verte sobándote con una chica diferente cada noche, y tú no dejarás que nadie baile conmigo.
Él sonrió. —Te quiero. No puedo permitir que otros chicos bailen contigo.
— ¿Ah, sí? ¿Cuánto me amabas cuando compraste la caja de condones?. Travis hizo una mueca y yo me puse de pie, haciendo mi camino a la mesa. Shepley y América estaban inmersos en un fuerte abrazo, y haciendo una escena, mientras se besaban apasionadamente.
—Creo que vamos a la fiesta de San Valentín de la Sig Tau de nuevo —dijo Finch con el ceño fruncido.
Suspiré. —Mierda.

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