Vistas a la página totales

martes, 26 de noviembre de 2013

11. CELOS


Desperté sobre mi estómago, desnuda y enredada en las sabanas de Travis Maddox. Mantuve mis ojos cerrados, sintiendo como sus dedos acariciaban mi brazo y espalda.
Suspiró profundo, contento, y habló en voz baja. —Te amo, Abby. Voy a hacerte feliz, lo juro.
La cama se hundió al moverse, y luego sus labios se movieron en lentos y cortos besos hacia mi espalda. Me quedé quieta, y justo cuando iba a alcanzar la piel debajo de mi oreja, me abandonó y caminó hacia el baño al otro lado de la habitación. Sus pasos se escuchaban tranquilos por el pasillo, y las tuberías chillaron con la presión del agua en la regadera.
Abrí los ojos y me senté, estirándome. Cada músculo en mi cuerpo dolía, músculos que ni siquiera sabía que tenía. Sostuve la sabana contra mi pecho y miré hacia la ventana, viendo como hojas amarillas y rojas caían en espiral desde las ramas hasta el suelo.
Su celular vibró en algún lugar en el piso, y luego de buscarlo torpemente por el desastre de ropa en el suelo, lo encontré en el bolsillo de sus jeans. En la pantalla sólo aparecía un número, sin nombre.
— ¿Hola?
— Se encuentra… Se encuentra Travis?
—Está en la ducha, ¿quieres dejarle un mensaje?
—Claro que lo está. Dile que Megan llamó, ¿podrías?
Travis entró, amarrando la toalla alrededor de su cintura salpicada de agua, sonreí y le tendí el teléfono.
—Es para ti.
Me besó antes de mirar la pantalla, y luego negó con la cabeza. — ¿Si? Era mi novia, ¿Qué necesitas, Megan? —Escuchó por un momento para después sonreír—. Bueno, ¿Qué te puedo decir? Pigeon es especial. —Luego de una larga pausa, rodó los ojos. Sólo me podía imaginar lo que ella estaba diciendo—. No seas una perra, Megan. Escucha, no puedes llamarme más… Bueno, el amor hace eso. —dijo, mirándome cariñosamente—. Sí, con Abby. Es en serio Megan, no más llamadas… Hasta luego.
Lanzó el teléfono a la cama, y se sentó a mi lado. —Estaba un poco molesta. ¿Te dijo algo?
—No, solamente preguntó por ti.
—Borré los pocos números que tenía en mi teléfono, pero supongo que eso no les impide seguir llamándome. Si no lo averiguan por sí solas, yo se los aclaro.
Me miró con curiosidad, y no pude evitar sonreír. Nunca había visto este lado de él. —Confío en ti, ¿lo sabes?
Presionó sus labios con los míos. —No te culparía si esperas que me gane tu confianza.
—Tengo que ir a la ducha. Ya me perdí una clase.
— ¿Ves? Ya estoy siendo una buena influencia.
Me levanté, y él tiró de la sabana. —Megan dijo que este fin de semana va haber una fiesta de Halloween en The Red Door. Fui con ella el año pasado, estuvo divertido.
—Estoy segura de ello. —dije, levantando una ceja.
—Sólo digo que hubo bastante gente. Tienen torneos en la piscina y bebidas baratas… ¿Quieres ir?
—En realidad no soy… No soy de las que se disfrazan. Nunca lo he sido.
—Yo tampoco, simplemente voy. —Se encogió de hombros.
— ¿Todavía vamos a los bolos esta noche? —Pregunté, cuestionando si la invitación era sólo una excusa para pasar tiempo a solas conmigo, lo cual ya no era necesario.
— ¡Claro que sí! ¡Y te voy a patear el trasero, también!
—No esta vez. Tengo un nuevo súper poder.
Se rió. — ¿Y cuál es? ¿Lenguaje rudo?
Me incliné para besar su cuello, luego moví mi lengua hasta su oreja, besando su lóbulo. Se congeló en su lugar.
—La distracción. —Murmuré en su oído.
Agarró mis brazos y me empujó sobre mi espalda.
—Vas a perderte otra clase.
Finalmente, luego de convencerlo de abandonar el apartamento a tiempo de ir a la clase de Historia, corrimos al campus y nos deslizamos en nuestros asientos justo cuando el profesor Cheney comenzaba.
Travis volteó su gorra de béisbol hacia atrás y plantó un beso en mis labios, justo en frente de todos.
En el camino hacia la cafetería, sostuvo mi mano con la suya, entrelazando nuestros dedos mientras caminábamos. Se veía tan orgulloso de sostener mi mano, anunciándole al mundo que finalmente estábamos juntos. Finch lo notó, miró hacia nuestras manos y me mostró una ridícula sonrisa. Él no fue el único, nuestra simple muestra de cariño provocó miradas y murmullos de las personas mientras íbamos pasando.
En la puerta de la cafetería, Travis inhaló su cigarro una última vez y me miró, notando mi desconfianza. América y Shepley ya estaban dentro, y Finch había encendido otro cigarro, dejándonos a mí y Travis solos al entrar. Estaba segura que el rumor había alcanzado todo un nuevo nivel al momento en que Travis me besó en plena vista de todos en la clase de Historia, y mi miedo de entrar a la cafetería no me abandonaba.
— ¿Qué sucede, Pigeon? —Preguntó, jalando de mi mano.
—Todos nos están mirando.
Llevó mis manos a su boca y besó mis dedos.
—Se les va a pasar. Solamente es el shock inicial. ¿Recuerdas cuando empezamos a salir juntos? Su curiosidad murió luego de un tiempo, y se acostumbraron a vernos juntos. Vamos. —dijo, y me jaló hacia adentro.
Una de las razones por la cual escogí Eastern U fue por su modesta población, pero el desesperado interés por escándalos que venía con ello era extenuante a veces. Era un completo chiste; todos eran consientes de cuan ridículo era el rumor, pero aun así, todos participaban en él.
Nos sentamos con nuestra comida en los lugares de siempre. América me dio una sonrisa intuitiva. Ella conversó como si todo estuviera normal, pero los jugadores de fútbol en la otra punta de la mesa me miraban como si me estuviera quemando.
Travis golpeó mi manzana con su cubierto. — ¿Vas a comerte eso, Pidge?
—No, puedes tenerla, bebé.
Mis orejas ardieron cuando la cabeza de América se giró bruscamente para verme.
—Simplemente salió. —dije, sacudiendo la cabeza. Miré a Travis, y su expresión era una mezcla entre amor y diversión.
Habíamos utilizado ese término unas cuantas veces esa mañana, y no se me ocurrió que era nuevo para todos los demás hasta que salió de mi boca.
—Acaban de alcanzar el nivel de irritantemente lindo. —América sonrió.
Shepley tocó mi hombro, — ¿Te quedarás esta noche? —Preguntó, sus palabras se mezclaban con el pan en su boca—. Prometo no salir de mi cuarto a insultarte.
—Estabas defendiendo mi honor, Shep. Estás perdonado. —dije.
Travis mordisqueó la manzana y masticó, luciendo más feliz de lo que alguna vez lo había visto. La paz en sus ojos había regresado, e incluso cuando docenas de personas miraban cada uno de nuestros movimientos, todo se sentía… correcto.
Pensé en todo el tiempo que había insistido en que estar con Travis era una mala decisión, y cuanto tiempo había perdido tratando de ignorar todo lo que sentía por él. Viéndolo del otro lado de la mesa, a sus suaves ojos marrones, y el hoyuelo bailando en su mejilla mientras masticaba. No recordaba de qué estaba tan preocupada.
—Se ve espantosamente feliz. ¿Te rendiste finalmente, Abby? —dijo Chris, codeando a sus compañeros de quipo.
—No eres muy inteligente, ¿verdad, Jenks? —dijo Shepley frunciendo el ceño.
Instantáneamente la sangre subió a mis mejillas, miré a Travis, quien tenía una mirada asesina en sus ojos. Mi vergüenza se deshizo a la vista de la ira de Travis, sacudí la cabeza. —Sólo ignóralo.
Luego de unos tensos segundos, sus hombros se relajaron un poco, tomó aire y asintió una vez. Luego de un momento me guiñó.
Estiré mi brazo en la mesa y deslicé mis dedos en los suyos. —Fue en serio lo que me dijiste anoche, ¿no?
Empezó a hablar, pero la risa de Chris llenó la cafetería. — ¡Dios Santo! ¿Travis Maddox está siendo controlado?
— ¿Fue en serio cuando me dijiste que no querías que cambiara? —me preguntó, apretándome la mano.
Miré a Chris riéndose con sus compañeros, y luego me volví a Travis. —Absolutamente. Enséñale a ese imbécil algunos modales.
Una sonrisa diabólica se extendió por su cara, y caminó hacia el final de la mesa, donde Chris se sentaba.
Chris se tragó su risa y el silencio se apoderó de la habitación.
—Oye, solo te estaba haciendo pasar un mal rato, Travis. —dijo mirándolo.
—Discúlpate con Pidge. —dijo Travis, fulminándolo con la mirada.
Chris me miró con nerviosismo. —Sólo… Sólo estaba bromeando, Abby. Lo siento.
Lo miré mal y él subió la cabeza hacia Travis, esperando su aprobación.
Cuando Travis se alejó, Chris se rió y luego le susurró algo a Brasil. Mi corazón se aceleró cuando Travis se detuvo abruptamente y sus manos se cerraron en puños a sus costados.
Brasil sacudió la cabeza y bufó. —Cuando despiertes, Chris, sólo recuerda… que tú solito te lo buscaste.
Travis levantó la bandeja de Finch de la mesa y se la pegó a Chris en la cara, tumbándolo de su silla. Chris trató de meterse bajo la mesa, pero Travis lo sacó por las piernas y comenzó a golpearlo.
Chris se cubrió y Travis lo golpeó en la espalda. Se arqueaba y volteaba, levantando sus manos al aire, permitiéndole a Travis golpear varias veces su cara. La sangre comenzó a fluir y Travis se levantó jadeando.
—Si te atreves a siquiera mirarla, pedazo de mierda, te voy a romper tu jodida mandíbula. —Gritó Travis. Me estremecí cuando Travis pateó a Chris una última vez.
La mujer que trabaja en la cafetería corrió hacia fuera, sorprendida del desastre sangriento en el suelo.
—Lo siento —le dijo Travis, limpiándose la sangre de Chris en su mejilla.
Muchos de los estudiantes se levantaron para ver mejor, otros permanecieron sentados mirando entretenidos.
El equipo de fútbol sólo miraba el cuerpo lánguido de Chris en el piso, sacudiendo sus cabezas.
Travis se volteó y Shepley se levantó de inmediato, agarrando mi brazo y la mano de América, y arrastrándonos por la puerta, detrás de su primo. Caminamos la corta distancia hasta Morgan Hall, y América y yo nos sentamos en los escalones de enfrente, mirando Travis caminar de aquí para allá.
— ¿Estás bien, Trav? —Preguntó Shepley.
—Sólo… dame un minuto. —Contestó, poniéndose las manos en la cadera mientras caminaba.
Shepley se metió las manos en los bolsillos. —Me sorprende que te hayas detenido.
—Pidge dijo que le enseñara modales, Shep. No que lo matara. Necesité todo de mí para detenerme cuando lo hice.
América deslizo sus grandes lentes cuadrados de sol para mirar a Travis. — ¿Qué fue lo que dijo Chris que te puso así, de todos modos?
—Algo que nunca volverá a decir. —Respondió.
América miró a Shepley, quien se encogió de hombros. —No lo escuché.
Los puños de Travis se tensaron de nuevo. —Voy a regresar adentro.
Shepley tomó a Travis por los hombros. —Tu chica está aquí afuera. No necesitas volver a entrar.
Travis me miró, forzándose a sí mismo a calmarse. —Él dijo… todos piensan que Pidge ha… Jesús, no puedo ni decirlo.
—Dilo de una vez. —Murmuró América, mirando sus uñas.
Finch apareció caminando detrás de Travis, claramente encantado por toda la conmoción. —Cada chico de Eastern U quiere con ella porque logró conseguir al indomable Travis Maddox. —Se encogió de hombros—. Es lo que están diciendo allí adentro, al menos.
Travis pasó por al lado de Finch, dirigiéndose a la cafetería.
Shepley corrió hacia él, tomándolo por el brazo. Travis le tiró un golpe pero Shepley lo esquivó y mis manos inmediatamente volaron a mi boca. Mis ojos fueron a América, que se encontraba inafectada, acostumbrada a su rutina.
Sólo se me ocurrió una cosa para detenerlo. Me levanté de las escaleras, corrí hacia él y me puse en su camino. Le brinqué encima, enredando mis piernas en su cintura, él me sostuvo por los muslos mientras yo tomaba su cara, plantando un largo y profundo beso en sus labios. Pude sentir como su ira se iba desvaneciendo con el beso, y cuando me separé supe que ya había ganado.
—No nos importa lo que piensen, ¿recuerdas? No puedes empezar ahora. —dije, sonriendo con confianza. Poseía un mayor efecto en él de lo que creía posible.
—No puedo permitirles hablar así de ti, Pigeon. —dijo con su ceño fruncido. Me puso de nuevo en el suelo.
Deslicé mi brazo dentro del suyo, entrelazando nuestros dedos en su espalda. — ¿Así como? Ellos piensan que tengo algo especial porque tú nunca te habías asentado antes. ¿No estás de acuerdo con eso?
—Por supuesto que sí, solamente no soporto el pensar en que cada tipo en este colegio quiere estar contigo por eso. —Presionó su frente contra la mía—. Esto me va a volver loco. Ya me puedo dar cuenta.
—No dejes que te afecten, Travis. —dijo Shepley—. No puedes pelear con todo el mundo.
Travis suspiró. —Todo el mundo. ¿Cómo te sentirías tú si todo el mundo piensa en América de esa manera?
— ¿Quién dice que no lo hacen? —dijo América ofendida. Todos nos reímos y ella hizo una mueca—. No estaba bromeando. Librosdelcielopersonal.blogspot.com
Shepley la levantó por las manos y besó su mejilla. —Lo sabemos, bebé. Dejé de ser celoso hace un tiempo. No tenía tiempo de hacer nada más.
América sonrió en apreciación y luego lo abrazó.
Shepley poseía la habilidad de hacer que todos a su alrededor se sintieran calmados, sin duda resultado de crecer con Travis y sus hermanos. Probablemente era más un mecanismo de defensa que cualquier otra cosa.
Travis acarició la parte detrás de mi oreja, y me reí hasta que vi a Parker acercándose. La misma urgencia que sentí cuando Travis quería volver a la cafetería me invadió, e instantáneamente me alejé de Travis y caminé tres metros y algo para interceptar a Parker.
—Necesito hablar contigo. —Me dijo.
Miré hacia atrás y luego sacudí mi cabeza como advertencia. —Ahora no es un buen momento, Parker. De hecho, es un muy, muy mal momento. Travis y Chris pelearon en el almuerzo y él todavía está un poco irritado. Necesitas irte.
Parker vio a Travis y luego fijó su vista en mi, determinado. —Escuché lo que sucedió en la cafetería. No creo que estés consciente de en donde te estás metiendo. Travis es mala influencia, Abby. Todos lo saben. Nadie está hablando de cuan genial es que tú lo hayas cambiado… todos esperan que él haga lo que sabe hacer mejor. No sé lo que te ha dicho, pero no tienes ni idea de qué clase de persona es.
Sentí las manos de Travis en mis hombros. — ¿Porqué no le dices, entonces?
Parker se encogió nervioso. — ¿Tienes idea de cuantas chicas humilladas he llevado a casa de fiestas luego de pasar horas encerradas con él? Te va a lastimar.
Los dedos de Travis se tensaron en respuesta, posé mis manos en las suyas hasta que se relajó. —Deberías irte, Parker.
—Debes escuchar lo que te digo, Abs.
—No le llames así, joder. —Gruñó Travis.
Parker no apartó sus ojos de los míos. —Estoy preocupado por ti.
—Lo aprecio, pero no es necesario.
Parker sacudió la cabeza. —Él te ve como un desafío a largo plazo, Abby. Te tiene pensando que eres diferente a las otras chicas simplemente para llevarte a la cama. Se va a cansar de ti. Él posee la atención de un bebé.
Travis me rodeó, parándose frente de Parker, tan cerca que sus narices casi se tocaban. —Te permití decir lo que querías. Mi paciencia se agotó. —Parker trató de mirarme, pero Travis se inclinó en su dirección—. No se te ocurra mirarla. Mírame a mí, malcriado pedazo de mierda. —Parker enfocó sus ojos en Travis y esperó—. Si se te ocurre al menos respirar en su dirección, me aseguraré de que te vayas cojeando a la escuela de medicina.
Parker tomó una par de pasos hacia atrás, hasta que estuve en su campo de visión. —Pensé que eras más lista que esto. —dijo, sacudiendo la cabeza antes de voltearse e irse.
Travis lo observó marcharse, luego se volteó y sus ojos encontraron los míos. —Sabes que eso es pura mierda, ¿verdad? No es cierto.
—Estoy segura que es eso lo que todos piensan. —Me quejé, atrayendo la atención de aquellos que iban pasando.
—Entonces les probaremos lo contrario.
Mientras la semana avanzaba, Travis se tomó su promesa muy en serio. Ya no conversaba con las chicas que lo detenían en los pasillos, y algunas veces hasta era grosero con ellas. En el momento en que caminamos dentro de The Red para la fiesta de Halloween, me encontraba un poquito nerviosa sobre como él planeaba mantener lejos a las fiesteras intoxicadas.
América, Finch y yo nos sentamos en una de las mesas cercanas, mientras veíamos a Travis y Shepley jugar billar con dos de sus hermanos Sig Tau.
— ¡Vamos, bebé! —Gritó América, levantándose en el escalón de su banco.
Shepley le guiñó, y luego realizó su tiro, metiéndola en el hoyo derecho más lejano.
— ¡Woo! —chilló.
Un trío de mujeres vestidas como Los Ángeles de Charlie se acercaron a Travis mientras él esperaba su turno, sonreí cuando él trató lo más que pudo de ignorarlas. Cuando una de ellas trazó la línea de uno de sus tatuajes, Travis jaló su brazo. La apartó para así poder hacer su tiro, y ella hizo un puchero a sus amigas.
— ¿Puedes creer cuán ridículas son? Las chicas aquí no tienen vergüenza. —dijo América.
Finch sacudió su cabeza, asombrado. —Es Travis. Creo que es lo del chico malo. O creen que pueden salvarlo, o piensan que son inmunes a sus encantos. No estoy seguro cual será.
—Probablemente las dos. —Me reí, viendo como las chicas esperaban que Travis les prestara atención—. ¿Puedes imaginar ser tú quien espera ser escogida por él? ¿Sabiendo que vas a ser usada sólo para sexo?
—Problemas paternales. —dijo América, tomando un sorbo de su bebida.
Finch botó su cigarro y jaló nuestros vestidos.
— ¡Vamos, chicas! ¡El Finch quiere bailar!
—Sólo si prometes nunca volver a llamarte así. —dijo América.
Finch sacó su labio inferior y América sonrió.
—Vamos, Abby. No quieres hacer a Finch llorar, ¿cierto? —Nos unimos a los policías y vampiros en la pista de baile, y Finch sacó sus pasos de Timberlake. Miré a Travis sobre mi hombro y lo descubrí mirándome por el rabillo del ojo, fingiendo ver a Shepley meter la bola ocho en el juego. Shepley recolectó sus ganancias, y Travis se dirigió a la larga barra que rodeaba la pista de baile, para pedir un trago. Finch bailaba por toda la pista, para finalmente hacer un sándwich entre América y yo. Travis rodó los ojos, riéndose mientras volvía a nuestra mesa con Shepley.
—Voy a buscar otra bebida. ¿Quieren algo? —gritó América por encima de la música.
—Voy contigo. —dije, mirando a Finch y apuntando hacia la barra.
Finch sacudió la cabeza y continuó bailando. América y yo avanzamos por la multitud hacia la barra. El barman estaba agobiado, por lo que nos acomodamos para una larga espera.
—Los chicos están arrasando esta noche. —dijo América.
Me incliné a su oído. —Por qué alguien apostaría contra Shep es algo que nunca entenderé.
—Por la misma razón que apuestan contra Travis. Son idiotas. —Sonrió.
Un hombre en una toga se inclinó contra la barra al lado de América y sonrió. — ¿Qué están tomando las damas esta noche?
—Nosotras compramos nuestros propios tragos, gracias. —dijo América, mirando hacia adelante.
—Soy Mike. —dijo, y luego apuntó a su amigo—. Éste es Logan.
Sonreí educadamente, mirando a América, quien tenía su mejor cara de lárgate. El barman tomó nuestra orden, y luego asintió detrás de nosotras, volteándose para preparar la bebida de América.
Nos trajo un vaso de vidrio cuadrado lleno de líquido rosa y tres cervezas. Mike le tendió dinero y ella asintió.
—Esto es algo diferente —dijo Mike, escaneando la multitud.
—Sí —respondió América con cara de fastidio.
—Te vi bailando —Logan asintió hacia la pista—. Te veías bien.
—Uh… gracias. —Le dije, tratando de permanecer amable, consciente de que Travis estaba a poca distancia.
— ¿Quieres bailar? —preguntó.
Sacudí la cabeza. —No, gracias. Estoy aquí con mi…
—Novio. —dijo Travis, apareciendo de la nada. Miró mal a los hombres que se encontraban junto a nosotras, los cuales se apartaron un poco, claramente intimidados.
América no pudo evitar sonreír satisfecha cuando Shepley la rodeó con sus brazos. Travis asintió hacia la habitación. —Váyanse, ahora.
Los hombres nos miraron a América y a mí, y luego dieron un par de pasos hacia tras antes de desaparecer en la seguridad de la multitud.
Shepley besó a América. — ¡No puedo llevarte a ningún lado!
Ella rió, y yo miré a Travis, quien me fruncía el ceño.
— ¿Qué?
— ¿Por qué le permitiste comprarte una bebida?
América se separó de Shepley, notando el humor de Travis. —No lo hicimos, Travis. Les dije que no.
Travis me quitó la botella de la mano. — ¿Entonces, qué es esto?
— ¿Es en serio? —Pregunté.
—Sí, es jodidamente en serio. —dijo, tirando la botella en un bote de basura junto a al bar—. Te lo he dicho cientos de veces… No puedes aceptarle tragos a cualquier chico. ¿Qué pasa si puso algo allí?
América levantó su vaso. —Las bebidas fueron hechas frente a nosotras, Trav. Estás sobreactuando.
—No estoy hablando contigo. —dijo Travis, sus ojos pegados a los míos.
— ¡Hey! —Me molesté inmediatamente—. No le hables así.
—Travis —advirtió Shepley—. Déjalo ir.
—No me gusta que dejes a otros chicos comprarte bebidas. —dijo Travis.
Levanté una ceja. — ¿Estás tratando de empezar una discusión?
— ¿No te molestaría entrar a un bar y verme compartiendo un trago con alguna chica?
Asentí. —De acuerdo. Ahora no estás consciente de todas las mujeres. Lo entiendo. Debería de hacer el mismo esfuerzo.
—Sería bueno. —Claramente yo trataba de controlar su temperamento, y era un poco enervante estar del otro lado de su ira. Sus ojos aún se encontraban brillantes de rabia, y una innata urgencia por ir por la ofensiva burbuja hacia la superficie.
—Vas a tener que bajarle a tu tono de novio celoso, Travis. No hice nada malo.
Travis me lanzó una mirada de incredulidad. — ¡Vengo para acá, y otro tipo esta comprándote un trago!
— ¡No le grites! —dijo América.
Shepley puso sus manos en los hombros de Travis. —Todos hemos bebido bastante. Simplemente vámonos. —El usual efecto de calma que poseía Shepley no surtió efecto en Travis, y estuve instantáneamente molesta debido a que su pequeña rabieta había arruinado nuestra noche.
—Tengo que decirle a Finch que nos vamos. —Murmuré, pasando a Travis y dirigiéndome hacia la pista.
Una tibia mano me agarró la muñeca. Me volteé, y vi los dedos de Travis apretados sin ningún remordimiento. —Voy contigo.
Aparté mi mano de su agarre. —Soy totalmente capaz de caminar unos pocos metros por mi sola, Travis. ¿Qué está mal contigo?
Vi a Finch en el centro, y me dirigí hacia él.
— ¡Nos vamos!
— ¿Qué? —gritó Finch sobre la música.
— ¡Travis está de mal humor! ¡Nos vamos!
Rodó los ojos y sacudió la cabeza, agitando su mano mientras me alejaba. Justo cuando vi a América y Shepley, fui jalada hacia atrás por un hombre en un disfraz de pirata.
— ¿A dónde crees que vas? —Sonrió, pegándose a mí.
Me reí y sacudí la cabeza a la cara tan graciosa que estaba haciendo. Cuando me giré para irme, agarró mi brazo.
No me tomó mucho averiguar que no me estaba agarrando, se estaba agarrando a mí, por protección.
— ¡Whoa! —Lloró, mirando más allá de mí, con los ojos bien abiertos.
Travis lo llevó de nuevo a la pista, y arrebató su puño en la cara del pirata, con tal fuerza que nos tumbó a ambos al suelo. Con las palmas pegadas al piso, parpadeé en incredulidad.
Sentí algo caliente y húmedo en mi mano, la volteé y me encogí. Estaba cubierta con la sangre proveniente de la nariz del hombre. Su mano estaba cubriendo su cara, pero el rojo líquido corría por debajo, cayendo al piso.
Travis corrió a levantarme, viéndose tan sorprendido como yo me encontraba. — ¡Oh, mierda! ¿Estás bien, Pidge?
Cuando me levanté, jalé mi brazo de su agarre.
— ¿Estás loco?
América me tomó por la muñeca y me llevó a través de la multitud hacia el estacionamiento, Travis se volteó hacia mí.
—Lo siento, Pigeon, no sabía que te tenía agarrada.
— ¡Tu puño estuvo a cinco centímetros de mi cara! —dije, atrapando la toalla llena de aceite que Shepley me había lanzado. Asqueada, limpié la sangre de mi mano.
La seriedad del asunto nubló su cara y se estremeció. —No lo hubiera atacado si hubiera sabido que te tenía agarrada, sabes eso ¿no?
—Cállate, Travis. Solo cállate. —dije, mirando la nuca de Shepley.
—Pidge… —Comenzó Travis.
Shepley golpeó el volante con la palma de su mano.
— ¡Cierra la boca, Travis! ¡Ya dijiste que lo lamentabas, ahora cierra la maldita boca!
El viaje a casa fue en completo silencio. Shepley arrimó su asiento hacia adelante para permitirme salir, y miré a América, quien asintió en entendimiento.
Le dio un beso de buenas noches a su novio. —Te veo mañana, bebé.
Shep asintió y la besó. —Te amo.
Pasé a Travis en mi camino hacia el Honda de América, y él trotó a mi lado. —Vamos. No te vayas molesta.
—Oh, no estoy molesta. Estoy furiosa.
—Necesita un tiempo para calmarse, Travis. —Advirtió América, abriendo su puerta.
Cuando el seguro de la puerta de pasajeros saltó, Travis sostuvo su mano contra ella. —No te vayas, Pigeon. Estuve mal. Lo siento.
Levanté mi mano, mostrándole los rastros de sangre seca en mi palma. —Llámame cuando crezcas.
Se inclinó con su cadera contra la puerta. —No puedes irte. Librosdelcielopersonal.blogspot.com
Levanté una ceja, y Shepley trotó alrededor del auto junto a nosotros. —Travis, estás tomado. Estás a punto de cometer un grave error. Déjala irse a casa, cálmate… Ambos pueden hablar mañana cuando estés sobrio.
La expresión de Travis se tornó desesperada. —No se puede ir. —dijo, mirándome fijamente.
—No va a funcionar, Travis. —Tiré de la puerta—. ¡Muévete!
— ¿A qué te refieres con que no va a funcionar? —Preguntó Travis, tomando mi brazo.
—Me refiero a tu cara triste. No voy a creérmela. —dije, apartándome.
Shepley vio a Travis por un momento, y luego se giró hacia mí. —Abby… Este es el momento del que te estaba hablando. Tal vez deberías…
—Mantente fuera de esto, Shep. —Soltó América, encendiendo el auto.
—Lo voy a arruinar. Lo voy a arruinar bastante, Pidge, pero tú tienes que perdonarme.
— ¡Voy a tener un moretón gigante en mi trasero mañana en la mañana! ¡Golpeaste a ese tipo porque estabas molesto conmigo! ¿Qué me dice eso? ¡Porque las banderas rojas están levantadas por todo lados!
—Nunca he golpeado a una chica en mi vida. —dijo, sorprendido por mis palabras.
— ¡Y yo estoy a punto de ser la primera! —dije, jalando la puerta—. ¡Muévete, demonios!
Travis asintió, y luego dio un paso atrás. Me senté al lado de América, y tiré la puerta. Puso el auto en reversa, y Travis se inclinó para verme por la ventana.
—Vas a llamarme mañana, ¿verdad? —Preguntó, tocando el vidrio.
—Solo vámonos, Mare. —dije, negándome a verlo.
La noche fue larga, me la pasé viendo el reloj y me encogía cuando veía que otra hora había pasado. No podía dejar de pensar en Travis, y en sobre si iba a llamarlo o no en la mañana, preguntándome si estaría despierto también. Finalmente, opte por ponerme los audífonos de mi IPod y escuchar la alta y molesta música de mi repertorio.
La última vez que había visto el reloj, eran pasadas las cuatro. Los pájaros ya cantaban afuera de mi ventana, y sonreí cuando sentí que mis ojos se sentían pesados. Pareció como si sólo hubieran pasado pocos minutos cuando escuché un toque en la puerta y vi a América entrando. Sacó los audífonos de mis oídos y se tiró en la silla de mi escritorio.
—Buenos días, sol. Te ves horrible. —dijo, haciendo una burbuja rosa con su boca, y dejándola sonar fuerte al reventarse.
— ¡Cierra la boca, América! —Soltó Kara escondida dentro de sus sábanas.
—Estás consciente de que las personas como Travis y tú van a discutir bastante, ¿cierto? —dijo América mirando sus uñas y masticando el gran pedazo de goma de mascar en su boca.
Me volteé de lado en la cama. —Estás oficialmente despedida. Eres una terrible conciencia.
Se rió. —Solamente te conozco. Si te entregara mis llaves en este instante, irías directo hacia allá.
— ¡Claro que no!
—Como digas.
—Son las ocho de la mañana. Probablemente todavía estén tirados durmiendo.
Justo en ese momento escuché un suave toque en la puerta. El brazo de Kara salió de su edredón y giró la manilla. La puerta se abrió lentamente, revelando a Travis en la entrada.
— ¿Puedo pasar? —Preguntó en una voz baja y rasposa. Las bolsas oscuras bajos sus ojos indicaban su falta de sueño, si es que tuvo alguno, en absoluto.
Me senté en la cama, sorprendida por su apariencia tan exhausta.
— ¿Estás bien?
Caminó y cayó en rodillas frente a mí. —Lo siento, Abby. Lo siento. —dijo, envolviendo sus brazos en mi cintura y hundiendo su cara en mi regazo.
Sostuve su cabeza en mis brazos y miré a América.
—Yo uh… Me voy a ir. —dijo, alcanzando torpemente la manilla de la puerta.
Kara frotó sus ojos y suspiró, luego tomó su bolso de baño. —Siempre estoy muy limpia cuando andas por aquí, Abby. —Murmuró, tirando la puerta tras ella.
Travis me miró. —Sé que me vuelvo loco en lo que respecta a ti, pero Dios sabe que lo estoy intentando, Pidge. No quiero arruinar esto.
—Entonces no lo hagas.
—Esto es difícil para mí, ¿sabes? Siento que en cualquier momento vas a averiguar cuan pedazo de mierda soy y me vas a dejar. Anoche vi una docena de diferentes tipos mirándote al bailar. Vas al bar y te veo agradecerle a ese tipo por tu bebida. Y luego ese imbécil en la pista te agarra.
—Tú no me ves a mí golpeando a cualquier chica que se acerca a hablarte. No me puedo quedar encerrada en el departamento todo el tiempo. Vas a tener que controlar tu temperamento.
—Lo haré. Nunca había querido una novia antes, Pigeon. No estoy acostumbrado a sentirme de esta manera… por nadie. Si eres paciente conmigo, juro que me controlaré.
—Vamos a aclarar algo; no eres un pedazo de mierda, eres increíble. No importa quién me compre tragos, ni quién me invite a bailar, o quien coquetee conmigo. Al final, me voy a casa contigo. Me has pedido que confíe en ti, pero tú no pareces confiar en mí.
Frunció el ceño. —Eso no es verdad.
—Si piensas que voy a dejarte por cualquier tipo que se aparezca, entonces no me tienes mucha fe.
Tensó su agarre. —No soy lo suficientemente bueno para ti, Pidge. Eso no significa que no confíe en ti, sólo me preparo para lo inevitable.
—No digas eso. Cuando estamos solos eres perfecto. Somos perfectos. Pero entonces permites que todo el mundo lo arruine. No espero que huyas de todo, pero tienes que elegir tus batallas. No puedes pelear cada vez que alguien me mire.
Asintió. —Yo hago todo lo que tú quieras. Sólo… dime que me amas.
—Sabes que lo hago.
—Necesito oírte decirlo. —dijo, sus cejas juntándose.
—Te amo —llevé mis labios a los suyos—. Ahora deja de ser tan bebé.
Se rió, subiendo a la cama conmigo. Pasamos la siguiente hora en el mismo lugar debajo de las sabanas, riéndonos y besándonos, apenas notando cuando Kara regresó de su ducha.
— ¿Podrías salirte? Necesito vestirme. —Le dijo a Travis, apretando su bata.
Travis besó mi mejilla y luego salió al pasillo.
—Te veo en un segundo.
Caí en mi almohada mientras Kara revoloteaba en su closet. — ¿De qué estás tan feliz? —Murmuró.
—De nada. —Suspiré.
— ¿Sabes que es la codependencia, Abby? Tu novio es el claro ejemplo, lo que es extraño considerando que él pasó de no tener ningún respeto por las mujeres en lo absoluto a pensar que te necesita para respirar.
—Tal vez lo hace. —dije, negándome a permitirle arruinar mi humor.
— ¿No te preguntas por qué es eso? Digo… Él ha estado con la mitad de las chicas en esta escuela. ¿Por qué tú?
—Él dice que soy diferente.
—Por supuesto que lo hace. Pero, ¿Por qué?
— ¿Por qué te importa? —Solté.
—Es peligroso necesitar a alguien tanto así. Estás tratando de salvarlo, y él espera que lo hagas. Ustedes dos son un desastre.
Le sonreí al techo. —No importa qué o por qué es así. Cuando es bueno… es hermoso.
Rodó lo ojos. —No tienes salvación.
Travis tocó la puerta y Kara lo dejó entrar.
—Me voy a estudiar al salón. Buena suerte. —dijo en la voz más falsa que pudo haber utilizado.
— ¿Qué fue eso? —preguntó Travis.
—Dijo que somos un desastre.
—Dime algo que no sepa. —Sonrió. Sus ojos de repente eran determinados, y besó la piel debajo de mi oreja—. ¿Por qué no te vienes conmigo?
Sostuve mi mano en su nuca, y suspiré al sentir sus suaves labios contra mi piel. —Creo que me quedaré aquí. Estoy en tu departamento todo el tiempo.
Su cabeza voló hacia arriba. — ¿Y eso qué? ¿No te gusta estar ahí?
Toqué sus mejillas y suspiré. Se preocupaba tan rápido. —Claro que sí, pero yo no vivo ahí.
Trazó mi cuello con la punta de su nariz. —Te quiero allí. Te quiero allí todas las noches.
—No me voy a mudar contigo. —Sacudí la cabeza.
—No te pedí que te mudaras conmigo. Dije que te quiero ahí.
— ¡Es la misma cosa! —Reí.
Travis arrugó la frente. — ¿En serio no te vas a quedar conmigo esta noche?
Sacudí la cabeza, y sus ojos viajaron por mi pared hasta el techo. Casi pude ver las ruedas moviéndose en su cabeza. — ¿En qué piensas? —Pregunté, entrecerrando los ojos.
—Intento pensar en otra apuesta.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario