Beutiful Disaster
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miércoles, 27 de noviembre de 2013
EPILOGO
Travis me apretó la mano cuando contuve la respiración. Traté de mantener mi cara tranquila, pero cuando me encogí, su dominio se hizo más fuerte. El techo blanco estaba empañado en algunos lugares por manchas de filtración. Aparte de eso, la habitación estaba impecable. Ningún desorden, no había utensilios esparcidos. Todo estaba su lugar, lo que me hizo sentir medianamente a gusto con la situación. Había tomado la decisión. La llevaría a cabo.
—Bebé… —dijo Travis, frunciendo el ceño.
—Puedo hacer esto —le dije, mirando a las manchas en el techo. Salté cuando dedos tocaron mi piel, pero traté de no tensarme. Podía ver la preocupación en los ojos de Travis cuando comenzó el zumbido.
—Pigeon —comenzó Travis de nuevo, pero negué con la cabeza con desdén.
—Está bien. Estoy lista. —Sostuve el teléfono lejos de mi oído, haciendo una mueca tanto por el dolor como por la conferencia inevitable.
— ¡Te voy a matar, Abby Abernathy! —Exclamó América—. ¡Matar!
—Técnicamente, es Abby Maddox, ahora —dije, sonriéndole a mi nuevo marido.
— ¡No es justo! —Se quejó ella, la ira hundiéndose en su tono—. ¡Se suponía que debía ser tu dama de honor! ¡Se suponía que debía ir de compras por el vestido contigo y lanzar una fiesta de despedida de soltera y sostener tu ramo!
—Lo sé —dije, viendo desvanecerse la sonrisa de Travis cuando hice una mueca de dolor otra vez.
—No tienes que hacer esto, lo sabes —dijo, sus cejas se unieron entre sí.
Apreté sus dedos con mi mano libre.
—Lo sé.
— ¡Eso ya lo dijiste! —Gritó América.
—No estaba hablando contigo.
—Oh, estás hablando conmigo —se quejó ella—. Por supueeesto que estás hablando conmigo. Nunca vas a oír el final de esto, ¿me oyes? ¡Nunca, jamás te perdonaré!
—Sí lo harás.
— ¡Tú! ¡Eres una...! ¡Eres simplemente egoísta, Abby! ¡Eres una terrible mejor amiga!
Me eché a reír, haciendo que el hombre sentado a mi lado se sacudiera.
—No se mueva, Sra. Maddox.
—Lo siento —dije.
— ¿Quién fue ese? —Gruñó América.
—Ese fue Griffin.
— ¿Quién diablos es Griffin? Déjame adivinar, ¿invitaste a un desconocido a tu boda y no a tu mejor amiga? —Su voz se hacía más aguda con cada pregunta.
—No. Él no fue a la boda —dije, aspirando una bocanada de aire.
Travis suspiró y se movió nervioso en su silla, apretando mi mano.
—Se supone que debo hacer esto, ¿recuerdas? —le dije, sonriéndole a través del dolor.
—Lo siento. No creo que pueda soportar esto —dijo, con voz llena de angustia. Relajó su mano, mirando a Griffin—. Date prisa, ¿quieres?
Griffin negó con la cabeza.
—Cubierto de tatuajes y no puede soportar que su novia consiga una simple inscripción. Terminaré en un minuto, camarada.
El ceño fruncido de Travis se profundizó. —Esposa. Ella es mi esposa.
América jadeó una vez procesada la conversación en su mente. — ¿Te estás haciendo un tatuaje? ¿Qué está pasando contigo, Abby? ¿Respiraste humos tóxicos en el incendio?
Miré hacia abajo a mi estómago, a la confusa mancha negra justo en el interior de mi hueso de la cadera y sonreí.
—Trav tiene mi nombre en su muñeca —aspiré otra bocanada de aire cuando el zumbido continuó. Griffin secó la tinta de mi piel y empezó de nuevo. Hablé a través de mis dientes—: Estamos casados. Quería algo, también.
Travis sacudió la cabeza. —No tenías que hacerlo.
Entrecerré los ojos. —No empieces conmigo. Hemos hablado de esto.
América se echó a reír una vez. —Te has vuelto loca. Te voy admitir en el asilo al llegar a casa. —Su voz era aún perforante y exasperada.
—No es tan loco. Nos amamos el uno al otro. Hemos estado viviendo prácticamente juntos dentro y fuera de todo el año. ¿Por qué no?
— ¡Porque tienes diecinueve, idiota! ¡Porque te fuiste y no le dijiste a nadie, y porque no estoy allí! —Exclamó.
—Lo siento, Mare, me tengo que ir. Nos vemos mañana, ¿de acuerdo?
— ¡No sé si quiero verte mañana! ¡No creo que quiera ver a Travis nunca más! —Se burló.
—Te veré mañana, Mare. Sabes que quieres ver mi anillo.
—Y tu tatuaje —dijo, con una sonrisa en su voz.
Colgué y cerré el teléfono, entregándoselo a Travis. El zumbido se reanudó de nuevo, y mi atención se centró en la sensación de ardor seguido por el segundo dulce de alivio cuando limpiaba el exceso de tinta. Travis empujó mi teléfono en su bolsillo, agarrando mi mano entre las suyas, inclinándose hasta tocar su frente con la mía.
— ¿Te asustaste así de mucho cuando te hiciste tus tatuajes? —Le pregunté, sonriendo a la expresión de aprehensión en su rostro.
Se movió, parecía sentir mi dolor mil veces más que yo. —Uh... no. Esto es diferente. Esto es mucho, muchísimo peor.
— ¡Listo! —Dijo Griffin con un gran alivio en su voz como el reflejado en el rostro de Travis.
Dejé que mi cabeza cayera hacia atrás en la silla.
— ¡Gracias a Dios!
— ¡Gracias a Dios! —suspiró Travis, acariciando mi mano.
Miré hacia abajo a las hermosas líneas negras en mi piel enrojecida e inflamada:
Sra. Maddox
—Vaya —dije, levantándome sobre los codos para tener una mejor visión. El ceño fruncido de Travis al instante se convirtió en una sonrisa triunfal
—Es hermoso.
Griffin negó con la cabeza. —Si tuviera un dólar por cada esposo tatuado nuevo que trae a su esposa aquí y se lo toma peor de lo que ella lo hace… bueno. No tendría que tatuar a nadie nunca más.
—Sólo dígame cuánto le debo, grandísimo idiota —murmuró Travis.
—Voy a dejar su factura en el mostrador —dijo Griffin, entretenido con la réplica de Travis.
Miré alrededor de la habitación al cromo brillante y los carteles de las muestras de tatuajes en la pared, y luego de vuelta a mi estómago. Mi apellido nuevo relucía en gruesas letras negras elegantes. Travis me miraba con orgullo, y luego miró hacia abajo a su anillo de boda de titanio.
—Lo hicimos, bebé —dijo en voz baja—. Todavía no puedo creer que seas mi esposa.
—Créelo —dije, sonriendo.
Me ayudó a levantarme de la silla y favorecí mi lado derecho, consciente de que cada movimiento que hacía causaba que mi jeans rozara mi piel en carne viva. Travis sacó su billetera, firmó el recibo con rapidez antes de que me llevara de la mano al taxi que esperaba fuera. Mi celular volvió a sonar, y cuando vi que se trataba de América, lo dejé sonar.
—Nos va a hacer sentir miserable por un largo tiempo, ¿cierto? —dijo Travis con el ceño fruncido.
—Hará puchero por veinticuatro horas, después de que vea las fotos, lo superará.
Travis me lanzó una sonrisa maliciosa. — ¿Estás segura de eso, Sra. Maddox?
— ¿Alguna vez vas a dejar de llamarme así? Lo has dicho cientos de veces desde que salimos de la capilla.
Él negó con la cabeza mientras sostenía la puerta del taxi abierta para mí. —Voy a dejar de llamarte así hasta que esto termine siendo real.
—Oh, es real de acuerdo —dije, deslizándome a la mitad del asiento para dejarle espacio—. Tengo recuerdos de la noche de boda para probarlo.
Se apoyó en mí, corriendo su nariz por la piel sensible de mi cuello hasta que llegó a mi oído.
—Desde luego que sí.
—Ay... —dije cuando se presionó en contra de mi vendaje.
—Oh, maldita sea, lo siento, Pidge.
—Estás perdonado —sonreí.
Rodamos hacia el aeropuerto de mano en mano, y me reí cuando vi a Travis mirar a su anillo de boda sin disculpas.
Sus ojos tenían la expresión pacífica a la que me estaba acostumbrando.
—Cuando lleguemos al apartamento, creo que finalmente me daré cuenta, y voy a dejar de actuar como un idiota.
— ¿Me lo prometes? —sonreí.
Me besó la mano y la acunó en su regazo entre sus manos. —No.
Me reí, apoyando mi cabeza sobre su hombro hasta que el taxi redujo la velocidad hasta detenerse frente del aeropuerto. Mi celular volvió a sonar, mostrando el nombre de América una vez más.
—Es implacable. Déjame hablar con ella —dijo Travis, alcanzando mi teléfono.
— ¿Hola? —Dijo, esperando que acabara la corriente estridente en el otro extremo de la línea. Él sonrió—. Porque soy su marido. Puedo responder su teléfono, ahora. —Me miró, y luego abrió la puerta del taxi, ofreciéndome su mano—. Estamos en el aeropuerto, América. ¿Por qué no Shep y tú nos recogen y puedes gritarnos a ambos en el camino a casa? Sí, todo el camino a casa. Debemos llegar en torno a las tres. Muy bien, Mare. Nos vemos entonces. —Hizo una mueca con las duras palabras de ella y luego me pasó el teléfono—. No estabas bromeando. Está enojada.
Le pagó al taxista y luego tiró su bolsa al hombro, tirando de la manija de mi equipaje para rodarlo. Sus brazos tatuados se tensaron mientras empujaba mi bolso, con la mano libre buscando a la mía.
—No puedo creer que le hayas dado luz verde para que nos tenga por una hora entera —dije, siguiéndolo a través de la puerta giratoria.
—Realmente no crees que voy a dejar que le grite a mi esposa, ¿verdad?
—Te estás poniendo muy cómodo con ese término.
—Creo que es hora de que lo admita. Sabía que ibas a ser mi esposa más o menos a partir del segundo en que te conocí. No voy a mentir y decir que no he estado esperando el día que lo pudiera decir... así que voy a abusar del título. Deberías acostumbrarte a él, ahora —dijo esto con la mayor naturalidad posible, como si estuviera dando un discurso practicado.
Me reí, apretándole la mano. —No me importa.
Me miró por el rabillo de su ojo. — ¿No? —Negué con mi cabeza y me jaló a su lado, besando mis mejillas—. Bien. Te vas a hartar de esto durante los próximos meses, pero sólo dame un respiro, ¿de acuerdo?
Lo seguí por los pasillos, escaleras mecánicas, y las líneas de seguridad. Cuando Travis caminó a través del detector de metales, un timbre fuerte se disparó. Cuando el guardia del aeropuerto le pidió a Travis que se quitara su anillo, su rostro se tornó grave.
—Lo sostendré, señor —dijo el oficial—. Sólo será por un momento.
—Le prometí que nunca me lo quitaría —dijo Travis a través de sus dientes.
El oficial extendió la palma de su mano, paciencia y divertida simpatía arrugaba la fina piel alrededor de sus ojos.
Travis a regañadientes, se quitó el anillo, lo estrelló en la mano del guardia, y luego suspiró cuando caminó por la puerta, esa vez sin activar la alarma. Caminé a través de ella sin novedad, entregándole mi anillo también. La expresión de Travis era tensa, pero cuando se nos permitió pasar, sus hombros se relajaron.
—Está bien, bebé. Está de regreso en tu dedo —le dije, riendo ante su reacción exagerada.
Me besó en la frente, jalándome a su lado mientras nos dirigimos a la terminal. Cuando capturé la mirada de los que pasábamos, me pregunté si era obvio que estábamos recién casados, o si simplemente notaban la sonrisa ridícula en el rostro de Travis, un fuerte contraste con su cabeza rapada, brazos tatuados y músculos sobresalientes.
El aeropuerto era un hervidero de turistas emocionados, de pitidos y zumbidos de las máquinas tragamonedas en el aire, y la gente serpenteando en todas direcciones. Le sonreí a una joven pareja tomada de la mano, viéndose tan excitados y nerviosos como Travis y yo lo hicimos cuando llegamos. No me cabe duda de que se irían sintiendo la misma mezcla de alivio y desconcierto que sentimos, llevando a cabo lo que habían venido hacer.
En la terminal, eché un vistazo a través de una revista, y toqué suavemente la rodilla violentamente rebotando de Travis. Su pierna se congeló y me sonrió, manteniendo mis ojos en las fotografías de las celebridades. Estaba nervioso por algo, pero esperé a que me dijera, sabiendo que estaba trabajando a nivel interno.
Después de unos minutos, su rodilla se balanceó de nuevo, pero esta vez lo detuvo por su cuenta, y luego, lentamente, se dejó caer en su silla.
— ¿Pidge?
— ¿Sí?
Unos cuantos minutos pasaron, y luego suspiró.
—Nada.
El tiempo pasó demasiado rápido, y parecía que apenas nos habíamos sentado cuando nuestro número de vuelo fue llamado a bordo. Una línea se formó rápidamente, y nos pusimos de pie, esperando nuestro turno para mostrar nuestros boletos y caminar por el largo pasillo hacia el avión que nos llevaría a casa.
Travis vaciló. —No puedo deshacerme de este sentimiento —dijo en voz baja.
— ¿Qué quieres decir? ¿Cómo un mal presentimiento? —dije, de repente nerviosa. Se volvió hacia mí con preocupación en sus ojos. —Tengo ésta loca sensación que una vez que lleguemos a casa, me voy a despertar. Como si nada de esto fuera real.
Deslicé mis brazos alrededor de su cintura, pasando mis manos sobre los músculos magros de su espalda.
— ¿Es eso lo que te preocupa?
Bajó la mirada a su muñeca, y luego miró a la banda de plata gruesa en su dedo izquierdo. —No puedo evitar la sensación de que la burbuja va a estallar, y voy a estar acostado en mi cama solo, deseando que estés allí conmigo.
— ¡No sé qué voy a hacer contigo, Trav! Me he desecho de alguien por ti, dos veces, he empacado y he ido a Las Vegas contigo, dos veces, he ido literalmente a través del infierno y de regreso, me casé contigo y me marqué con tu nombre. Me estoy quedando sin ideas para que sepas que soy tuya.
Una pequeña sonrisa adornó sus labios.
—Me encanta cuando dices eso.
— ¿Que soy tuya? —Le pregunté. Me incliné hacia arriba en las puntas de mis pies, presionando mis labios contra los suyos—. Soy. Tuya. La Señora de Travis Maddox, por siempre y para siempre.
Su pequeña sonrisa se desvaneció mientras miraba hacia la puerta de embarque y luego hacia abajo a mí. —Voy a seguir jodiendo, Pigeon. Vas a hartarte de mis estupideces.
Me eché a reír. —Estoy harta de tus estupideces, ahora. Aun así me casé contigo.
—Pensé que una vez que nos casáramos, me sentiría un poco más tranquilo acerca de perderte. Pero siento que si subo a ese avión...
— ¿Travis? Te amo. Vamos a casa.
Sus cejas se juntaron. —No me vas dejar, ¿verdad? ¿Incluso cuando soy un dolor en el trasero?
—Juré ante Dios... y Elvis... que no lo haría, ¿cierto?
Su ceño se aligeró un poco. — ¿Esto es para siempre?
Una de las esquinas de mi boca se elevó. — ¿Te haría sentir mejor si hacemos una apuesta?
Otros pasajeros comenzaron a caminar alrededor de nosotros, aunque lentamente, observaban y escuchaban nuestra conversación ridícula. Al igual que todas las otras veces, estaba manifiestamente consciente de las miradas indiscretas, pero esta vez era diferente. Lo único que podía pensar era en que la paz regresara a los ojos de TraviS.
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— ¿Qué clase de marido sería si apostara en contra de mi propio matrimonio?
Sonreí. —Del tipo estúpido. ¿No escuchaste a tu padre cuando te dijo que no apostaras contra mí?
Él levantó una ceja. —Así que estás así de segura, ¿eh? ¿Apostarías en ello?
Envolví mis brazos alrededor de su cuello y sonreí contra sus labios. —Apostaría mi primer hijo. Así de segura estoy.
Y luego volvió la paz.
—No puedes estar tan segura —dijo, la ansiedad ausente en su voz.
Levanté una ceja, y mi boca se elevó hacia un lado.
— ¿Quieres apostar?
21.JET
Los números en la pantalla fueron remplazados por un nombre cuando el teléfono empezó a sonar, y los ojos de Travis se ampliaron cuando leyó la pantalla. Con un borroso movimiento, él ya tenía el teléfono junto a su oreja.
— ¿Trent? —Una risa de sorpresa se escapó de sus labios, y una sonrisa estalló en su rostro mientras me miraba—. ¡Es Trent! —Abrí la boca y apreté su brazo mientras él hablaba—. ¿Dónde estás? ¿Qué quieres decir con que estás en lo de Morgan? Estaré allí en un segundo, ¡ni se te ocurra moverte!
Me lancé hacia adelante, mis pies luchando para mantenerse al paso de Travis mientras corría a través del campus, arrastrándome detrás de él. Cuando llegamos a lo de Morgan, mis pulmones gritaban por aire. Trent bajó corriendo las escaleras, chocando contra nosotros.
— ¡Jesús H. Cristo, hermano! ¡Pensé que estabas tostado! —dijo Trent, abrazándonos con tanta fuerza que no me dejaba respirar.
— ¡Idiota! —dijo Travis empujando a su hermano lejos—. ¡Pensé que estabas malditamente muerto! He estado esperando por los bomberos para llevar tu cuerpo carbonizado desde Keaton!
Travis le frunció el ceño a Trent por un momento y luego lo empujó en un abrazo. Su brazo salió disparado, buscando a tientas hasta que encontró mi camisa, y entonces me empujó en un abrazo también. Tras unos momentos, Travis liberó a Trent, manteniéndome cerca, a su lado.
Trent me miró con un gesto de disculpa.
—Lo siento, Abby. ¡Me entró el pánico!
Yo sacudí la cabeza.
—Sólo estoy feliz de que estés bien.
— ¿Yo? Hubiera sido mejor estar muerto si Travis me hubiera visto salir de ese edificio sin ti. Traté de encontrarte después de que saliste corriendo, pero luego me perdí y tuve que encontrar otra manera. Caminé alrededor del edificio para encontrar esa ventana, pero me encontré con unos policías y me obligaron a salir. ¡Me he estado volviendo loco por aquí! —dijo él, pasándose una mano por el corto cabello.
Travis amplió mis mejillas con sus pulgares, y entonces levantó su camiseta, usándola para sacar el hollín de su rostro.
—Salgamos de aquí. Los policías van a estar arrastrándose por aquí pronto.
Después de abrazar a su hermano una vez más, nos dirigimos al Honda de América. Travis miraba la hebilla del cinturón de seguridad y luego fruncía el ceño cuando tocía.
—Tal vez debería llevarte al hospital y conseguir que te chequeen.
—Estoy bien —dije, entrelazando mis dedos con los suyos. Miré hacia abajo, y vi un profundo corte a través de sus nudillos—. ¿Es eso de la pelea o de la ventana?
—La ventana —respondió, frunciendo a mis uñas ensangrentadas.
—Salvaste mi vida, sabes —Sus cejas se juntaron.
—No me hubiera ido sin ti.
—Sabía que vendrías. —Sonreí, apretando sus dedos entre los míos.
Nos sujetamos las manos hasta que llegamos el departamento. No podría haber dicho de quién era la sangre mientras lavaba el color carmesí y las cenizas de mi piel en la bañera. Cayendo en la cama de Travis, pude aún oler el humo y la piel ardiente.
—Aquí –dijo él, alcanzándome un pequeño vaso con un líquido ámbar—. Te ayudará a relajarte.
—No estoy cansada.
Mantuvo el vaso cerca para mí. Sus ojos lucían exhaustos, inyectados de sangre y pesados.
—Sólo trata de descansar un poco, Pidge.
—Estoy casi asustada de cerrar los ojos —dije, tomando el vaso y tragándome el líquido.
Tomó el vaso de mis manos y lo puso sobre la mesita de noche, sentándose a mi lado. Nos sentamos en silencio, dejando que las horas pasaran nadando. Cerré los ojos con fuerza cuando los recuerdos de los gritos aterrorizados de las personas atrapadas en el sótano, llenaron mi mente. No estaba segura de cuánto tiempo me tomaría para olvidar, o si lo haría alguna vez.
La mano cálida de Travis sobre mi rodilla me sacó de mi sueño consciente.
—Una gran cantidad de gente murió esta noche.
—Lo sé
—No sabremos hasta mañana cuántos fueron. Trent y yo pasamos a un grupo de chicos en el camino. Me pregunto si ellos lo hicieron. Parecían muy asustados…
Sentí las lágrimas llenar mis ojos, pero antes de que tocaran mis mejillas. Los sólidos brazos de Travis me rodearon. Inmediatamente me sentí protegida, cálida contra su piel. Sintiéndome tan como en casa en los brazos que una vez me aterrorizaron, pero sólo en ese momento. Estaba tan agradecida de poder sentirme tan segura después de experimentar algo tan horroroso. Sólo había una razón para que yo me pudiera sentir de tal forma con una persona.
Pertenecía a él.
Fue ahí cuando lo supe. Sin ninguna duda en mi mente, sin preocupación de lo que otros podrían pensar, y no teniendo miedo de los errores o consecuencias, sonreí por las palabras que iba a decir.
— ¿Travis? —dije contra su pecho.
— ¿Qué, nena? —susurró en mi cabello.
Nuestros teléfonos sonaron al unísono, alcancé el suyo para él mientras contestaba el mío.
— ¿ABBY? —chilló América.
—Estoy bien, Mare. Estamos todos bien.
—Lo acabamos de escuchar. ¡Está todo en las noticias!
Pude escuchar a Travis explicándole a Shepley junto a mí, y traté de hacer lo mejor para tranquilizar a América. Contestando miles de sus preguntas, tratando de mantener mi voz tranquila mientras recordaba los momentos más horripilantes de mi vida, me relajé cuando Travis cubrió mi mano con la suya.
Parecía como si estuviera contando la historia de alguien más, sentada en el cómodo departamento de Travis, un millón de millas lejos de la pesadilla que pudo habernos matado. América lloró cuando terminé, dándome cuenta de cuán cerca estuvimos de haber perdido nuestras vidas.
—Voy a empezar a empacar ahora. Estaremos en casa a primera hora de la mañana —susurró América.
—Mare, no te vayas tan pronto. Estamos bien.
—Tengo que verte. Tengo que abrazarte para saber que estás bien —lloró.
—Estamos bien, puedes abrazarme el viernes.
Ella sorbió por las narices otra vez.
—Te amo.
—Yo también. Diviértanse.
Travis me miró y apretó más el teléfono contra su oreja.
—Mejor abraza a tu chica, Shep. Suena enojada. Lo sé, amigo… yo también. Te veo pronto.
Colgué segundos antes de que Travis lo hiciera, y nos sentamos en silencio por un momento, todavía procesando lo que había ocurrido. Después de un tiempo, Travis se inclinó sobre su almohada, y me puso contra su pecho.
— ¿América está bien? —preguntó, mirando el celular.
—Está molesta. Pero está bien.
—Estoy feliz de que no estuvieran allí.
Choqué mis dientes. Ni siquiera había pensado sobre qué hubiera pasado si ellos no se estuvieran quedando con los padres de Shepley. Mi mente me dio una imagen fugaz de las asustadas expresiones de las chicas en el sótano, peleando con los chicos para poder escapar. Los ojos asustados de América reemplazaron los rostros sin nombre de las chicas en esa habitación. Sentí nauseas al pensar acerca su hermoso cabello rubio sucio y quemado junto con el resto de los órganos tendidos en el césped.
—Yo también —dije con un temblor.
—Lo siento. Has pasado por mucho esta noche. No debería agregar nada más a tu matrícula.
—Tú estabas allí también, Trav.
Estuvo callado por algunos minutos, y justo cuando abrí mi boca para hablar otra vez, él tomó un profundo respiro.
—No me asusto muy a menudo —dijo, finalmente—. Estaba asustado la primera mañana en que desperté y tú no estabas allí. Estaba asustado cuando me dejaste después de Las Vegas. Estaba asustado cuando pensé que iba a tener que decirle a mi papá que Trent había muerto en esa construcción. Pero cuando te vi a través de las llamas en ese sótano… estaba aterrorizado. Llegué a la puerta, estaba a pocos metros de la salida, y no pude irme.
— ¿Qué quieres decir? ¿Estás loco? —dije, mi cabeza dando vueltas cuando miré sus ojos.
—Nunca había estado tan seguro de nada en mi vida. Me di la vuelta, hice mi camino a ese cuarto donde estabas, y allí estabas. Nada más importaba. Ni siquiera sabía si lo lograríamos o no, sólo quería estar donde tú estuvieras, donde sea que eso signifique. De la única cosa de la que estoy asustado es de una vida sin ti, Pigeon.
Me levanté, besé sus labios tiernamente.
—Entonces no tienes nada de qué estar asustado. Estaremos juntos para siempre.
Él suspiró.
—Lo haría todo otra vez, sabes. No cambiaría ni un segundo si eso significara que estaríamos aquí, en este momento.
Mis ojos se sintieron pesados, y tomé un respiro profundo. Mis pulmones protestaron, seguían quemando por el humo. Tosí un poco, y luego me relajé, sintiendo los cálidos labios de Travis contra mi frente. Su mano se deslizó por mi cabello húmedo y pude escuchar el latido constante de su corazón contra su pecho.
—Esto es —dijo con un suspiro.
— ¿Qué?
—El momento. Cuando te veo dormir… ¿esa paz en tu rostro? Eso es. No lo he tenido desde que mi madre murió, pero lo puedo sentir nuevamente. —Tomó otra profunda respiración y se acercó más—. Yo supe en el momento en que te conocí que había algo en ti que yo necesitaba. Resultó que no era algo de ti. Eras sólo tú.
La esquina de mi boca se levantó mientras enterraba mi rostro en su pecho.
—Somos nosotros, Trav. Nada tiene sentido a menos que estemos juntos. ¿No has notado eso?
— ¿Notarlo? ¡Te he estado diciendo eso todo el año! —él bromeó.
—Es oficial. Bimbo, peleas, rompimientos, Parker, Las Vegas… incluso incendios… nuestra relación puede soportar cualquier cosa.
Levanté mi cabeza una vez más, y noté la alegría en sus ojos mientras me miraba. Era similar a la paz que había visto en su rostro luego de haber perdido la apuesta sobre quedarme con él en su departamento, después de que le dije que lo amaba por primera vez, y de la mañana de baile de San Valentín. Era similar, pero diferente. Esta era absoluta y permanente. La cautelosa esperanza había desaparecido de sus ojos, la confianza incondicional tomaba su lugar.
Lo reconocí sólo porque sus ojos reflejaban lo que yo estaba sintiendo.
— ¿Las Vegas?
Frunció el ceño al no saber dónde me dirigía.
— ¿Sí?
— ¿Has pensado en volver?
Sus cejas se alzaron.
—No creo que sea una buena idea para mí.
— ¿Y qué si fuéramos sólo por una noche?
Miró alrededor de la oscura habitación, confuso.
— ¿Una noche?
—Cásate conmigo —dije sin vacilar. Me sorprendió la rapidez y la facilidad con que las palabras salieron. Su boca se expandió en una gran sonrisa.
— ¿Cuándo? —Me encogí de hombros.
—Podemos fijar un vuelo para mañana. Son las vacaciones de primavera. No tengo nada para mañana. ¿Y tú?
—Yo me encargaré de todo —dijo él, alcanzando su teléfono—. American Airlines —dijo él, observando mi reacción de cerca mientras estaba al teléfono—. Necesito dos boletos para Las Vegas, por favor. Mañana, humm. —Me miró, esperando a que cambiara de opinión—. Dos días, ida y vuelta. Lo que tenga.
Descansé mi mejilla contra su pecho, esperando a que terminara de reservar los boletos. Cuanto más tiempo le permití quedarse en el teléfono, más amplia se hacía su sonrisa.
—Sí, uh, espere un minuto —dijo él, apuntando a su billetera—. Podrías alcanzar mi tarjeta, Pidge? —Él espero nuevamente por mi reacción.
Con mucho gusto me incliné, saqué su tarjeta de crédito de su billetera y se la entregué.
Travis leyó los números para el agente, mirándome después de terminar cada serie. Cuando le dio la fecha de vencimiento, él apretó los labios.
—Er, sí señora. Los recogeremos en el mostrador. Gracias.
Me dio su celular y me senté en la mesa de noche, esperando a que hablara. — Me acabas de pedir que me case contigo —dijo él, aun esperando que yo admitiera algún tipo de truco.
—Lo sé.
—Ese es un asunto real, sabes. Sólo pedí dos boletos para mañana temprano. Entonces eso significa que nos casaremos mañana en la noche.
—Gracias. —Sus ojos se achicaron.
—Vas a ser la Señora Maddox cuando empieces las clases el lunes.
—Oh —dije, mirando a todas partes.
Travis levantó una ceja.
— ¿Tienes dudas?
—Tendré que cambiar serios papeles la próxima semana.
Él asintió con lentitud, con una esperanza cautelosa.
— ¿Te vas a casar conmigo mañana? —Sonreí.
—Uh huh.
— ¿Hablas en serio?
—Sip.
— ¡Te amo, maldita sea! —Agarró cada lado de mi cara, cerrando sus labios con los míos—. Te amo demasiado, Pigeon —dijo él, besándome una y otra vez.
—Sólo recuerda que en cincuenta años todavía estaré pateando tu trasero en el Póker —bromeé.
Él sonrió triunfante.
—Si significan sesenta o setenta años contigo, nena… tienes todo mi permiso para hacer lo que quieras.
Levanté una ceja.
—Tú no quisiste decir eso.
— ¿Quieres apostar?
Apareció en mi rostro la sonrisa más perversa que pude hacer.
— ¿Estás lo suficientemente confiado como para apostar la brillante moto que está afuera?
Sacudió su cabeza, una expresión seria reemplazando la sonrisa burlona que tenía unos segundos antes.
—Pondría todo lo que tengo en tus manos. No me arrepiento de ningún segundo contigo, Pidge, y nunca lo haré.
Le tendí la mano y él la tomó sin vacilar, agitándola una vez y luego llevándola a su boca, y presionando sus labios tiernamente contra mis nudillos. La habitación estaba en silencio, sus labios dejando mi piel y el aire que escapa de sus pulmones era el único sonido.
—Abby Maddox —dijo, con una sonrisa radiante a la luz de la luna.
Apreté mi mejilla contra su pecho desnudo.
—Travis y Abby Maddox. Tendrá un bonito anillo para ella.
— ¿Anillo? —dijo él, frunciendo el ceño.
—Nos preocuparemos de los anillos después, bebé. En cierto modo te arrojé esto encima.
—Uh… —se interrumpió, observando a que reaccionara de la forma que él esperaba.
— ¿Qué? —dije, sintiéndome tensa.
—No te enojes —dijo mientras se movía nervioso. Su agarre apretado a mí alrededor—. Yo… como que ya me hice cargo de esa parte.
— ¿Qué parte? —dije, estirando mi cuello para mirarle la cara.
Se quedó mirando el techo y suspiró.
—Vas a enloquecer.
—Travis…
Fruncí el ceño mientras él alejaba un brazo de mí, agarrando el cajón de la mesita de noche. Él toqueteó adentro por un momento y yo soplé el flequillo húmedo fuera de mis ojos.
— ¿Qué? ¿Compraste más condones?
Él rio una vez.
—No, nena. —Sus cejas se juntaron cuando hizo más esfuerzo para alcanzar algo en el cajón. Una vez que encontró lo que él estaba buscando, su enfoque cambió y él me miró mientras sacaba una pequeña cajita de su escondite secreto.
Miré hacia abajo mientras colocaba la pequeña cajita cuadrada de terciopelo sobre su pecho, y descansó su cabeza sobre su brazo.
— ¿Qué es eso? —pregunté.
— ¿Qué es lo que parece?
—Está bien. Déjame volver a decir la pregunta… ¿Cuándo conseguiste eso?
Travis inhaló, y mientras lo hacía, también la cajita rosa con su pecho, y sentí cuando espiró el aire de sus pulmones.
—Hace un tiempo.
—Trav…
—Sólo lo vi un día… y supe que sólo había un lugar al que podía pertenecer… en tu perfecto dedo meñique.
— ¿Un día, cuándo?
— ¿Importa? —rebatió. Se retorció un poco, y yo no podía dejar de reír.
— ¿Puedo verlo? —Sonreí, repentinamente sintiéndome un poco mareada.
Sonrió también, y miró la caja.
—Ábrelo.
La toque con un dedo, sintiendo el exuberante terciopelo debajo de mi yema. Agarré el sello de oro con las dos manos, poco a poco fui tirando de la tapa para abrirla, hasta que un destello me llamó la atención. Y cerré la tapa.
— ¡Travis! —me lamenté.
—Sabía que ibas a enloquecer —dijo, sentándose y poniendo sus manos sobre las mías.
Podía sentir la caja presionando contra las palmas de mis manos, sintiendo como si fuera una granada espinosa que podía detonar en cualquier momento. Cerré los ojos y sacudí la cabeza.
— ¿Es que estás loco?
—Lo sé, sé lo que estás pensando, pero tenía que hacerlo. Era único. ¡Y tenía razón! No he visto uno así que sea tan perfecto como este.
Mis ojos se abrieron y en lugar del ansioso par de ojos que me esperaba, él estaba lleno de orgullo. Gentilmente él levantó la tapa de la caja con sus manos, y tiró el anillo de la pequeña ranura que lo mantenía en su lugar.
El gran diamante redondo brillaba aún en la penumbra, captando la luz de la luna en todas sus facetas.
—Es… Dios mío, es increíble —le susurré mientras tomaba mi mano izquierda en la suya.
— ¿Puedo ponerlo en tu dedo? —preguntó, mirándome.
Cuando asentí, él presionó sus labios, deslizando la banda de plata por mi dedo, sosteniéndolo en el lugar por un momento y luego soltándolo—Ahora es increíble.
Ambos observamos mi mano por un momento, igualmente sorprendidos por el contraste del gran diamante puesto en mi pequeño y delgado dedo. La banda se extendió por la parte inferior de mi dedo, partiéndose en dos en cada lado hasta que se juntaba y hacían una, diamantes más pequeños revestían cada franja de oro blanco.
—Tú pudiste haber pagado la cuota inicial de un auto con esto —dije en voz baja, incapaz de inculcar ninguna fuerza en mi tono de voz. Mis ojos siguieron a mi mano mientras Travis se la llevaba a los labios.
—Me había imaginado cómo se vería en tu mano un millón de veces. Ahora que está ahí…
— ¿Qué? —sonreí, observando cómo miraba mi mano con una sonrisa emocionada.
Miró hacia mi rostro. Página310
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—Pensé que iba a tener que sudar cinco años antes de sentirme de esta manera.
—Lo quería tanto como tú. He tenido un infierno con la cara de póquer. —Sonreí al presionar mis labios contra los suyos.
20.HUMO
Las semanas pasaron, y era una sorpresa para mí cuán rápido llego el receso de primavera, los chismes y las miradas se habían desvanecido y la visa había vuelto a la normalidad. Los sótanos de la Universidad Eastern no habían tenido una pelea en semanas. Adam mantuvo un bajo perfil después del arresto que había llevado a preguntas de que era lo que exactamente que paso esa noche, y Travis se volvía más irritable esperando la llamada que lo llevaría a su última pelea. La pelea que pagaba casi todas sus cuentas del verano y entrando el otoño.
La nieve aun estaba espesa en el suelo, y el viernes antes de vacaciones una última bola de nieve estallo en el césped cristalino. Travis y yo caminamos a través del hielo que caía hacia la cafetería, y yo me sostuve fuerte en sus brazos, tratando de evitar ambos, las bolas de nieve y caer al suelo.
—Ellos no van a darte Pidge, ellos los saben—Travis dijo, ocultando su nariz roja y fría en mi mejilla.
—Su objetivo no es sinónimo del miedo a tu temperamento Trav.— Él me sostuvo a su lado, frotando la manga de mi abrigo con su mano mientras me guiaba a través del caos. Llegamos a un final abrupto cuando un montón de chicas gritaban mientras eran atacadas sin piedad por el equipo de beisbol. Una vez el camino se despego Travis me guio a salvo a la puerta.
— ¿Ves? Te dije que lo lograríamos—dijo con una sonrisa. Su diversión desapareció, cuando una bola de nieve golpeo la puerta, justo entre nuestros rostros, la mirada de Travis escaneo el césped, pero la cantidad de estudiantes lanzándolas en cualquier dirección desvaneció la necesidad de tomar represarías. Él abrió la puerta mirando a la nieve derritiéndose desde el metal pintado hacia el suelo. —Entremos.
—Buena idea— asentí.
Él me llevo de la mano hacia la fila del buffet, apilando diferentes platos al vapor de una bandeja, La cajera había abandonado su expresión de desconcierto hace semanas, acostumbrada a nuestra rutina.
—Abby— Brasil me dio un asentimiento de cabeza y guiño su ojo a Travis —. ¿Tienes planes para la próxima semana?
—Nos quedaremos aquí, mis hermanos vendrán—Travis dijo distraído mientras organizaba nuestros almuerzos, dividiendo los pequeños platos de polietileno frente a nosotros en la mesa.
—Voy a matar a Davis Lapinski— América anuncio sacudiendo la nieve de su cabello mientras se acercaba.
— ¡Golpe directo!— Shepley se rio. América le lanzo una mirada de advertencia y su risa se volvió una risa nerviosa —quiero decir…que idiota.
Nos burlamos de su lamentable expresión mientras él la observaba ir se de la línea del buffet para seguirla rápidamente.
—Él es tan llorón— dijo Brasil con una expresión de disgusto.
—América está un poco tensa —Travis explico —ella conocerá a sus padres esta semana.
Brasil asintió y sus cejas se alzaron —Entonces ellos van…
—Si— dije asintiendo con él —Es permanente.
—Whoa— Brasil dijo, la sorpresa no dejo su rostro mientras servía su comida, y pude ver la confusión arremolinarse a su alrededor. Todos éramos jóvenes, y Brasil no podía seguir la idea del compromiso al Shepley.
—Cuando lo tengas Brasil…lo entenderás— Travis dijo, sonriéndome.
La sala estaba llena de emoción, de ambos: el espectáculo de afuera, y lo rápido que pasaban las horas antes del receso. A medida que los asientos se llenaban, el flujo constante de charla creció, el volumen aumento mientras todo el mundo comenzó habar sobre el ruido.
Para el momento en que Shepley y América volvieron con sus bandejas ya se habían reconciliado. Ella felizmente se sentó en el asiento vacío a mi lado. Platicando sobre el momento en que conocería a los padres. Ellos se irían esa tarde para lo de su padre, la excusa perfecta para uno de los infames colapsos de América.
La vi coger el pan mientras ella se preocupaba en hacer las maletas y la cantidad de equipaje que debería llevar sin parecer pretenciosa, pero ella parecía llevarlo bien.
—Te lo digo, bebe. Ellos te amaran, te amaran. Como yo te amo, te amo— Shepley dijo. Acomodando su cabello detrás de su oreja. América tomo un respiro y las comisuras de subieron de la forma en que siempre lo hacían cuando él la hacía sentir más tranquila.
El teléfono de Travis vibro, provocando que se deslizara unos centímetros de la mesa. Él lo ignoro, contándole a Brasil nuestro primer juego de póquer con sus hermanos, eche un vistazo a la pantalla, tocando el nombre de Travis cuando leí el nombre.
— ¿Bebé?
Sin una disculpa, él se alejó de Brasil y me dio toda su atención — ¿Si Pigeon?
—Tal vez quieras contestar eso.
Él miro a su celular y suspiro —O no.
—Podría ser importante.
Frunció sus labios antes de colocar el auricular en su oído — ¿Qué pasa Adam?— Sus ojos recorrieron el salón mientras hablaba, asintiendo ocasionalmente —Esta es mi última pelea Adam. Aun no estoy seguro. No iré sin ella y Shep saldrá de la ciudad. Lo sé…te escuche. Hmm…en realidad esa no es una mala idea
Mis cejas se juntan, viendo a sus ojos brillar con cualquier idea con la cualquier Adam lo haya iluminado. Cuando Travis cuelga el teléfono, lo veo expectante.
—Es suficiente para pagar la renta por los próximos seis meses. Adam consiguió a John Savage, él trata de llegar a las profesionales
—Yo no lo he visto luchar, ¿tu lo has hecho?— Shepley pregunto, acercándose.
Travis asintió, —Solo una vez en Springfield. Él es bueno.
—No lo suficiente. — digo y Travis se acercó a mí y beso mi frente suavemente con apreció—. Puedo quedarme en casa Trav.
—No. — dijo él negando con la cabeza.
— No quiero que te golpeen como la ultima vez porque estas preocupado por mi.
—No Pidge.
—Esperare por ti. —Tratando de parecer más feliz con la idea de lo que me sentía.
—Le pediré a Trent que venga. Él es el único en el que confió para poder concentrarme en la pelea.
—Muchas gracias, idiota— murmuro Shepley
—Oye, tuviste tu oportunidad— dijo Travis medio bromeando.
La boca de Shepley fue hacia un lado con disgusto. Aun se sentía culpable por la noche Hellerton. Él se disculpo conmigo diariamente por semanas. Pero su culpa se volvió lo suficientemente manejable para que sufriera en silencio. América y yo tratamos de convencerlos de que no era su culpa. Pero Travis siempre lo haría responsable. Librosdelcielopersonal.blogspot.com
—Shepley no fue tu culpa. Tu lo alejaste de mi ¿recuerdas?— dije rodeando a América para tocar su brazo. Me volví a Travis. — ¿Cuándo es la pelea?
—En algún momento la próxima semana —él se encogió de hombros— te quiero allá, te necesito allá.
Sonreí. Descansando mi barbilla en sus hombros —Entonces, estaré allí.
Travis me acompaño a clases, su agarre tensándose algunas veces cuando me deslizaba en el hielo —Deberías ser más cuidadosa. —él bromeo.
—Lo hago a propósito, eres tan tonto.
—Si quieres mis brazos alrededor tuyo, solo necesitas preguntar— dijo él acercándome a su pecho.
Éramos ajenos a los alumnos y las bolas de nieve que volaban mientras el presionaba sus labios contra los míos. Mis pies dejaron el suelo y él continuo besándome. Cargándome fácilmente a través del campus. Cuando él finalmente me dejo en sobre mis pies frente al salón de clases, él negó con la cabeza.
—Cuando hagamos nuestros horarios el próximo semestre. Sería más conveniente si tuviéramos más clases juntos.
—Trabajare en eso— dije, dándole un último beso, haciendo mi camino a mi silla.
Mire hacia arriba, y Travis me dio una última sonrisa antes de hacer su camino para su siguiente clase en el otro edificio. Los estudiantes a mi lado estaban acostumbrados a nuestras descaradas formas de afecto justo como sus clases lo estaban a que el llegara unos minutos tarde.
Estaba sorprendido de que el tiempo pasara tan rápido. Termine mi última prueba, y me dirigí al pasillo Morgan. Kara estaba sentada en su usual lugar en la cama, leyendo mientras revisaba mis cajones por los objetos necesarios.
— ¿Vas a salir de la ciudad?— pregunto Kara
—No, solo necesito unas cuantas cosas, voy hacia el edificio de ciencias a recoger a Trav. Y luego pasare la semana en su apartamento.
—Lo supuse— dijo ella. Sin quitarle la vista a las hojas de su libro.
—Ten un buen descanso Kara.
—Mmmhmmm.
El campus estaba prácticamente vacío, con solo unos cuantos estudiantes. Cuando voltee en la esquina, vi a Travis parado afuera terminando su cigarrillo, llevaba un gorro de lana sobre su cabeza rapada, y una de sus manos se metió en su bolcillo en su chaqueta desgastada de cuero marrón. El humo salía de su nariz, mientras miraba hacia el suelo sumido en un profundo pensamiento. No fue sino hasta que estuve a unos metros de él que note cuan distraído estaba.
— ¿En qué piensas bebé?— Pregunte. Él no miro hacia arriba — ¿Travis?
Sus pestañas revolotearon al registrar mi voz y la expresión de preocupación fue remplazada por una sonrisa falsa. —Hola Pigeon.
— ¿Todo está bien?
—Lo está ahora— dijo él. Jalándome contra él.
—De acuerdo. ¿Qué está pasando?— Dije levantando una ceja y frunciendo el seño, mostrando mi escepticismo.
—Solo tengo bastante en mi mente. —él suspiro. Cuando espere expectante él continuo — Esta semana, a pelea, tú estando allí…
—Te dije que me quedaría en casa.
—Te necesito allí Pidge. —dijo él. Tirando su cigarrillo en la tierra. Él lo vio desaparecer en una gran huella de nieve, luego tomo mi mano, llevándome hacia el estacionamiento.
— ¿Has hablado con Trent?— Pregunte.
El negó con la cabeza —Estoy esperando que él me llame de vuelta.
América bajo la ventana y saco su cabeza del Charger de Shepley. — ¡Apúrate está haciendo demasiado frio!
Travis sonrió y acelero el ritmo, abriéndome la puerta para que yo entrase. Shepley y América repitieron la misma conversación que han tenido desde que ella se entero que conocería a sus padres mientras yo miraba a Travis observar la ventana. Justo cuando estábamos estacionándonos el teléfono de Travis sonó.
— ¿Qué diablos Trent?— él respondió. —te llame hace horas, no es como si fueras productivo en el trabajo o algo así. Como sea. Escucha, necesito un favor, tengo una pelea la próxima semana. Necesito que vayas, no sé cuando es, pero cuando te llame necesito que este a allí en menos de una hora ¿Puedes hacer eso por mí? ¿Puedes hacer eso, idiota? Porque necesito que mantengas un ojo en Pigeon. Un idiota puso sus manos en ella la ultima vez…si— su voz bajo a un tono amenazante —Si me encargue de eso. ¿Entonces si llamo…? Gracias Trent.
Travis cerró su teléfono y se recostó contra el respaldo del asiento.
— ¿Aliviado?— Shepley pregunto, mirando a Travis por el espejo del retrovisor
—Si no estaba seguro de que haría sin él alli.
—Te dije…— comencé
—Pidge, cuantas veces tengo que decírtelo— él frunció el seño.
Negué con la cabeza ante su tono impaciente. —No entiendo. No me necesitabas antes.
Sus dedos rozaron mi mejilla suavemente. —No te conocía antes, cuando no estás allí no puedo concentrarme. Me pregunto donde estas, que estás haciendo…si estas allí y puedo verte, puedo concentrarme. Sé que suena loco pero se como es.
—Y loco es exactamente como me gusta— sonrió, acercándome a besar sus labios.
—Obviamente— América mascullo bajo su aliento.
En las sombras de Keaton Hall, Travis me sostuvo fuertemente a su lado, mi aliento se mesclaba con el de él en el aire frio. Y podía escuchar las conversaciones esas filtrándose por la puerta que estaba a unos pocos metros, ignorantes a nuestra presencia.
Keaton era el edificio más viejo de Eastern y aunque aquí se ha celebrado antes El Circulo, yo estaba inquieta sobre el lugar. Adam esperaba una casa llena, y Keaton no era el sótano más amplio del campus, la vigas forman un red a lo largo de los ladrillos envejecidos, solo había una señal de remodelaciones en este lugar.
—Esta es una de las peores ideas que Adam ha tenido hasta ahora— Travis murmuro.
—Es muy tarde para cambiarlo ahora— dije, mirando hacia las plataformas.
El teléfono de Travis sonó y él contesto. Su rostro se tiñe de azul contra la luz de la pantalla y finalmente podía ver las líneas de preocupación entre sus cejas que ya sabía dónde estaban. Hizo clic en unos botones y luego cerro el celular, agarrándome más fuerte.
—Pareces nervioso esta noche. —susurre
—Me sentiré mejor cuando Trent traiga su trasero punk aquí.
—Estoy aquí, niña quejumbrosa. —Trent dijo en voz baja. Apenas si podía ver su silueta en la oscuridad, pero su sonrisa brillaba con la luna llena.
— ¿Cómo has estado hermana?— dijo él. Abrazándome con un brazo, y empujo juguetonamente a Travis con él otro.
—Estoy bien Trent.
Travis inmediatamente se relajo, y luego él me llevo a la parte de atrás del edifico de la mano.
—Si los policías aparecen y nos separamos, veámonos en la residencia Morgan ¿de acuerdo?— Travis le dijo a su hermano. Nos detuvimos en una ventana abierta al nivel del suelo, la señal de que Adam estaba adentro y esperando.
— ¿Estás jugando conmigo?— dijo Trent, mirando a la ventana —Abby apenas va acabar por allí.
—Pasará— Travis le aseguro, gateando en la oscuridad hacia el interior. Como muchas otras veces, me agache y me empuje hacia allí, sabiendo que Travis me atraparía.
Esperamos un momento, Trent se empujo de la cornisa y cayó al suelo, casi perdiendo el equilibrio mientras sus pies tocaban el concreto.
—Tienes suerte de que te ame Abby. Yo no haría esta mierda por nadie más— Trent se quejo sacudiéndose la camisa.
Travis salto, cerrando la ventana en un rápido movimiento. —Por aquí —dijo él guiándonos por la oscuridad. Pasillo tras pasillo, tome la mano de Travis sintiendo a Trent apretar la tela de mi camisa. Podía escuchar pequeños fragmentos de grava raspar el hormigón, y yo me arrastraba por el suelo. Abrí mucho mis ojos tratando de adaptarlos a la oscuridad del sótano, pero no había ninguna luz para ayudarlos.
Trent suspiro después de la tercera vuelta —Nunca encontraremos una forma de salir de aquí.
—Solo sígueme al salir, estarás bien— dijo Travis irritado antes las quejas de Trent, a medida de que el pasillo iba iluminándose yo sabía que estaba cerca cuando el rugido de la multitud llego con un tono febril de número y nombre, sabía que habíamos llegado.
El salón donde Travis esperaba ser llamado, normalmente solo tenía una linterna y una silla, pero con las renovaciones, estaba lleno de sillas, escritorios y equipo al azar cubiertos con sabanas blancas.
Travis y Trent discutieron estrategias para la pelea mientras yo me asome afuera. Era tan llena y caótica como en la última lucha, pero sin menos espacio. Muebles cubiertos con sabanas polvorientas alineadas al final de la pared, empujadas a un lado para hacer espacio a los espectadores.
La habitación estaba más oscura de lo normal, supuse que Adam no quería llamar la atención sobre nuestro paradero. Linternas colgadas del techo, creando un resplandor oscuro, mientras las apuestas en efectivo aun se celebraban.
— ¿Pigeon, me escuchaste?— Travis dijo, tocando mi brazo.
— ¿Qué?— dije parpadeando.
—Quiero que te pares cerca de esta puerta, ¿de acuerdo? Mantente agarrada del brazo de Trent todo el tiempo.
—No me moveré, lo prometo.
Travis sonrió, su hoyuelo perfecto hundiéndose.
—Ahora tú pareces nerviosa.
Di un vistazo de la puerta a él —No tengo un buen presentimiento sobre esto, Trav. No sobre las peleas pero…algo. Este lugar me asusta.
—No estaremos mucho tiempo— Travis me aseguro, la voz de Adam vino por un alta voz, y luego un par de manos cálidas y familiares a cada lado de mi rostro. —Te amo— dijo él. Mientras me levantaba del suelo, apretándome hacia él mientras me besaba. Él me bajo al suelo y engancho mi brazo alrededor de Trent —No quites tus ojos de ella. —le dijo él a su hermano. —Incluso por un segundo, este lugar se vuelve loco una vez la pelea comienza.
—…así que démosle la bienvenida al contrincante de hoy…JOHN SAVAGE.
—La guardare con mi vida, hermanito. —dijo Trent tirando de mi brazo— Ahora patéale el trasero a este tipo, y vámonos de aquí.
—TRAVIS EL LOCO PERRO MADOX— Adam grito por el alta voz.
El volumen era ensordecedor mientras él hacia su camino a través de la multitud. Mire a Trent quien tenía la más pequeña sonrisa en su rostro. Cualquier otra persona no lo hubiese notado, pero yo podía ver el orgullo en sus ojos.
Cuando Travis llego al centro del Círculo, trague. John no era mucho más grande, pero él se veía más diferente con la que cualquier otra había luchado, incluyendo al sujeto con el que lucho en las vegas. Él no estaba intentando intimidar con una mirada a Travis como los demás: él estaba estudiando, preparando la pelea en su mente. Tan analíticos como eran sus ojos, también estaban vacíos de razón, yo sabía que antes de que la pelea comenzara que Travis tendría que tener mucho cuidado, él estaba sentado frente a un demonio.
Travis también parecía haberlo notado también. Su habitual sonrisa había sido remplazada, por una mirada intensa, cuando el cuerno sonó, John ataco.
—Jesús— dije tomando el brazo de Trent.
Trent se movió como Travis lo hizo, como si fueran uno. Me tense con cada movimiento que John hacia, luchando con la urgencia de cerrar mis ojos. No había movimientos perdidos; John era astuto y preciso. Todas las otras peleas de Travis parecían descuidadas en comparación. La fuerza bruta detrás de los golpes era impresionante, como si toda la cosa fuera coreografiada y preparada a la perfección.
El aire en la habitación era pesado y estancado. El polvo en las sabanas había sido alborotado y atrapado en mi garganta cada vez que me quedaba sin aliento. Cuanto más larga era la pelea peor era esa sensación, no podía quitármelo y aun así me forcé aquedarme en el lugar para que Travis pudiera concentrarse.
Por un momento estuve hipnotizada por el espectáculo en el centro del sótano, lo siguiente es que me empujan desde atrás. Mi cabeza se echo hacia atrás por el golpe, pero apreté mi agarre, negándome a retirarme de mi puesto prometido. Trent se dio vuelta y agarro la camiseta de los dos hombres detrás nuestros y los tiro al suelo como muñecas.
— ¡Aléjense o los matare!— gritó a los hombres que nos miraban en el piso. Agarre su brazo con fuerza y le dio unas palmadas —Te tengo, Abby solo mira la pelea.
Travis lo estaba haciendo bien, y suspire cuando lanzo el primer golpe. La multitud se hacía más ruidosa, pero la advertencia de Trent dejo a esos detrás nuestro a una distancia segura. Travis lanzo un golpe seguro y luego me miro, rápidamente retomando su atención a John. Sus movimientos eran agiles, casi calculadores. Parecía predecir los ataques de John antes de que él los hiciera.
Notablemente impaciente, John envolvió sus brazos alrededor de Travis, jalándolo al piso. Como unidos, la multitud que rodea el anillo improvisado se aprietan contra este, acercándose cuando la acción es en el suelo.
— ¡No puedo verlo Trent!— grite mientras me paraba en las puntas de los pies.
Trent miro alrededor, encontrando la silla de madera de Adam, en un movimiento como de baile. Él me paso de un brazo a otro, ayudándome a subir por encima de la multitud. — ¿Puedes verlo?
—Si— dije sosteniéndome de los brazos de Trent para equilibrio —Él está encima pero las piernas de John están en su cuello.
Trent se acercó sobre los dedos de sus pies y puso su mano libre alrededor de su boca — ¡GOLPEA SU TRASERO TRAVIS!
Mire hacia abajo de Trent y se acercó para echarle una mejor mirada al hombre en el suelo. De repente Travis estaba en el suelo, John sosteniéndose fuertemente del cuello de Travis con sus piernas. Travis cayó de rodillas golpeando la espalda y cabeza de John contra el concreto en un devastador golpe. Las piernas de John quedaron inertes liberando el cuello de Travis. Y Travis llevo hacia atrás su codo. Golpeándolo una y otra vez con su puño cerrado hasta que Adam lo detuvo. Lanzando el cuadrado rojo al cuerpo flácido de John.
La sala estallo, animando cuando Adam levanto la mano de Travis al aire. Trent abrazo mis piernas. Gritando la victoria de su hermano. Travis me miro con una sonrisa amplia y sangrienta; su ojo derecho comenzaba a inflamarse.
A medida que el dinero pasaba por las manos de la gente, la multitud comenzaba a serpentear, preparada para irse. Mis ojos se dirigieron a una linterna que parpadeaba salvajemente balanceándose de un lado a otro detrás de Travis. Liquido cayendo de la base, mojando la sabana de abajo, mi estomago se hundió.
— ¿Trent?
Atrayendo su atención, señale la esquina. En ese momento, la linterna se cayó de su puesto, cayendo en la sabana de abajo, inmediatamente estallando en llamas.
— ¡Santa mierda!— Trent dijo, agarrando mis piernas.
Unos cuantos hombre al lado del fuego, saltaron. Viendo asombrados como el fuego saltaba a la otra sabana. Humo negro salía desde la esquina, y al tiempo cada persona en la sala entro en pánico, empujando su camino para encontrar la salida.
Mis ojos se encontraron con los de Travis, y una mirada de terror distorsiono su rostro.
— ¡Abby!— Él grito empujando el mar de gente entre nosotros.
— ¡Vamos!— Trent grito. Bajándome de la silla a su lado.
La habitación se oscureció, y un ruido fuerte sonó desde el otro lado de la habitación, las otras linternas hacían combustión y se agregaban al fuego en pequeñas explosiones. Trent tomo mi brazo, poniéndome tras de él forzando su camino a través de la multitud.
— ¡No podemos ir por ahí! ¡Tenemos que devolvernos por el camino por el que llegamos!— grite, resistiéndome.
Trent miro alrededor formando un plan para escapar en medio de la confusión. Mire de nuevo a Travis, mirándolo como intentaba hacerse camino a través de la habitación, mientras la multitud aumentaba, Travis fue alejado cada vez mas. Los emocionantes aplausos ahora eran gritos horrorizados de miedo y desesperación mientras todos luchaban por encontrar la salida.
Trent me jalo a la salida y me jalo a la salida.
— ¡Travis!— Grite, intentando alcanzarlo.
Él estaba tosiendo, alejando el humo. —Por este lado Trav. — Trent le grito.
—Solo sácala de aquí, Trent, saca a Pigeon— dijo él tosiendo.
Confitado, Trent me miro a mí. Podía ver el miedo en sus ojos —No se la forma de salir.
Mire a Travis una vez más, su silueta parpadeaba por las llamas que se habían extendido entre nosotros. — ¡Travis!
— ¡Solo vete!, ¡Los alcanzare más adelante!— Su voz era ahoga por el caos alrededor nuestro, y tome la manga de Trent.
—Por este camino Trent— dije, sintiendo las lágrimas y el humo quemando en mis ojos. Docenas de gente llena de pánico estaba entre Travis y su única salida.
Tire de la mano de Trent, empujando a cualquiera de mi camino. Alcanzamos la entrada y mire de atrás hacia adelante. Dos pasillos oscuros, con poca luz por el fuego detrás de nosotros.
— ¡Por este camino!— dije, jalando su mano de nuevo.
— ¿Estás segura?— Trent pregunto, su voz gruesa con duda y miedo.
— ¡Vamos!— dije, jalándolo de nuevo. Cuanto más lejos nos encontrábamos más oscuras las habitaciones se volvían. Después de unos instantes, mis respiraciones eran más fáciles a medida de que dejábamos el humo atrás. Pero los gritos no disminuyeron, cada vez eran más fuertes y frenéticos que antes. Los horríficos sonidos de atrás alimentaron mi determinación, manteniendo mis pasos rápido y con propósito. Para la segunda vuelta, estábamos caminando a ciegas a través de la oscuridad. Mantuve mi mano frente a mí, sintiendo la pared con mi mano libre y tomando la mano de Trent con la otra.
— ¿Crees que salió?— Trent pregunto.
Su pregunta debilitaba mi concentración, y trate de empujar la respuesta de mi mente —Sigue moviéndote— dije ahogándome.
Trent se resistió por un momento, pero cuando lo jale de nuevo una luz parpadeo. Él sostuvo en alto un encendedor, dando un vistazo al pequeño espacio para salir. Seguí la luz mientras él la movía alrededor de la habitación. Y quedo sin aliento cuando la puerta se hizo visible.
Mientras nos apurábamos para la siguiente habitación, bastante gente se estrello conmigo, tirándome al suelo. Tres mujeres y un hombre, todos con rostros sucios y ojos muy abiertos y asustados me miraron.
Uno de los chicos se agacho y me ayudo — ¡Hay una ventana aquí abajo por la cual podemos salir!— Dijo él.
—Acabamos de llegar de ahí, no hay nada— dije, negando con la cabeza.
—Debes haberla perdido, ¡sé que esta por este camino! —Trent jalo mi mano —Vamos Abby, ellos conocen la salida.
Negué con la cabeza —Vinimos por este lado con Travis, lo sé.
Él apretó su agarre —Le dije a Travis que no te perdería de mi vista, iremos con ellos.
—Trent hemos estado allí abajo…no había ventana.
— ¡Vamos Jasón!— una chica grito
— ¡Nos vamos!— Jasón dijo, mirando a Trent.
Trent jalo mi mano de nuevo y yo me aleje
—Trent por favor es por este lado, lo prometo.
—Voy con ellos— dijo él —por favor ven conmigo.
Negué con la cabeza, lagrimas cayendo por mis mejillas —He estado aquí antes, esa no es la salida.
— ¡Tu vienes conmigo!— él grito. Jalando mí brazo.
— ¡Trent detente! ¡Vamos por el camino equivocado!— grite.
Mis pies se deslizaron por el hormigo mientras él me jalaba, y cuando el humo aumento me aleje corriendo hacia la dirección opuesta.
— ¡ABBY, ABBY!— Trent grito.
Seguí corriendo, manteniendo las manos al frente anticipando una pared.
— ¡Vamos! ¡Ella va hacer que te mates!— una chica dijo. Mi hombro golpeo contra una esquina, me dio la vuelta, cayendo. Me arrastre por el piso, sosteniendo mi temblorosa mano frente a mí. Cuando mis dedos tocaron roca, lo seguí parándome. La esquina de una puerta se materializo bajo mi mano y la seguí a la siguiente habitación.
La oscuridad era interminable, pero aleje el pánico, manteniendo cuidadosamente mis pasos, buscando la siguiente pared. Sentí el temor dentro de mí mientras los lamentos sonaban en mis oídos.
—Por favor. —Susurré en la oscuridad— Deja que esta sea la salida.
Sentí otra esquina de una puerta, y cuando la travesé un hilo de luz brillo ante mí. La luz de luna se filtraba a través del vidrio de la ventana y un sollozo formo su camino a través de mi garganta
— ¡T-Trent, está aquí! —Grite detrás de mí— ¡TRENT!
Entrecerré mis ojos, viendo un pequeño movimiento en la distancia — ¿Trent?— llame mi corazón latía violentamente en mi pecho. Con el paso del tiempo las sombras parpadeaban en las paredes. Y mis ojos se abrieron con horror cuando me di cuenta que lo que pensaba que eran personas eran en realidad llamas.
—Oh dios mío— dije mirando a la ventana. Travis la había cerrado después de entrar, y estaba muy alta para que yo la alcanzara.
Mire a mi alrededor buscando algo en que pararme, la habitación estaba llena de madera cubierta con sabanas. Las mismas sabanas que alimentarían el fuego hasta que toda la habitación se convirtiera en un infierno.
Agarre un pedazo de tela blanca, quitándola de un escritorio. El polvo se alboroto a mí alrededor, mientras tiraba la sabana al suelo y arrastraba la enorme madera hacia el espacio vacío bajo la ventana. La empuje contra la pared y la escale, tosiendo con el humo que se abría paso a la habitación. La ventana aun estaba a unos metros debajo de mí. Gruñí tratando de empujarla para abrirla, torpemente girando la cerradura de un lado a otro con cada empujada. No se movía.
— ¡Vamos, maldición!— grite. Apoyándome en mis brazos, me eche hacia atrás, usando el peso de mi cuerpo con el ímpetu de que podría forzarla a abrirse. Cuando eso no funciono, deslice mis uñas debajo de esta, empujándola hasta que pensé que mis uñas se habían separado de mi piel. La luz brillo en la esquina de mi ojo. Y grite cuando vi como el fuego se acercaba por las sabanas blancas que cubrían el pasillo por el cual había pasado un momento antes.
Mire hacia la ventana, una vez más metiendo mis uñas por las esquinas. Sangre saliendo de mis dedos, el metal se enterró en mis dedos. El instinto se sobrepuso sobre las demás emociones y mis manos se volvieron puños, golpeando el vidrio. Una pequeña grieta astillo en vidrio junto con manchas y salpicaduras de mi sangre por cada golpe.
Golpee el vidrio una vez más con mi puño, y luego me saque un zapato. Las sirenas sonaban en la distancia y solloce, golpeando mis palmas contra el vidrio. El resto de mi vida solo estaba a unos centímetros, al otro lado del vidrio. Arañe los bordes una vez más, y luego comencé a golpear el vidrio con ambas palmas.
— ¡AYUDA!— Grite, viendo las llamas acercarse — ¡ALGUIEN AYÚDEME!
Una tos suave sonó tras de mí — ¿Pigeon?
Me volví ante la voz familiar. Travis apareció en la puerta detrás de mí. Su rostro y ropa estaba cubierto en hollín.
— ¡Travis!— grite, me baje del escritorio y corrí hacia donde él estaba parado, cansado y sucio.
Me choque contra él, y él envolvió sus brazos alrededor mío. Tosiendo mientras jadeaba por aire. Sus manos tomaron mis mejillas.
— ¿Dónde está Trent?— su voz áspera y débil.
—Él los siguió— grite con lagrimas en mi rostro. — ¡Intente que viniese conmigo, pero él no venia!— Travis miro hacia el fuego que se aproximaba y sus cejas se juntaron. Contuve el aliento, tosiendo cuando el humo lleno mis pulmones, él me miro, sus ojos llenos de lagrimas.
—Voy a sacarnos de aquí Pigeon— sus labios se presionaron con los míos en un firme y rápido movimiento. Y entonces él subió encima de mi improvisada escalera.
Él empujo la ventana, y luego la cerradura, sus músculos temblaban cuando usaba toda su fuerza contra el vidrio.
— ¡Aléjate Abby, Voy a romper el vidrio!
Con miedo de moverme solo logre alejarme un paso de nuestra única salida. El codo de Travis se doblo mientras él echaba su puño hacia atrás, gritando mientras golpeaba el vidrio. Me volví escudando mi rostro con mis sangrientas manos mientras el vidrio se destrozaba encima de mí.
— ¡Vamos!— él grito sosteniendo una mano para mí. El calor del fuego tomo toda la habitación, me eleve en el aire mientras él me levantaba del piso y me empujaba fuera.
Espere sobre mis rodillas mientras Travis escalaba, y luego lo ayude a ponerse de pie. Las sirenas a todo volumen estaban al otro lado de la habitación, y luces rojas y azules de los bomberos y las patrullas de los policías bailaban por el ladrillo del edificio adyacente.
Corrimos a la multitud de gente parada frente al edificio, buscando en los rostros sucios a Trent. Travis grito el nombre de su hermano, su voz se volvía mas desesperanzada con cada llamado. Él saco su celular para ver alguna llamada perdida y luego lo cerró fuertemente. Cubriendo su mano con su mano negra.
— ¡TRENT!— Travis grito, estirando su cuello mientras buscaba en la multitud.
Esos que habían escapado estaban abrazados y lloriqueaban detrás de los vehículos de emergencia, observando el horro mientras el camión de bomberos disparaba a través de las ventanas y bomberos corrían hacia dentro, tirando mangueras detrás de ellos.
Travis pasó una mano por los rastros de cabello en su cabeza, negando la cabeza. —Él no salió. —él susurro. —Él no salió, Pidge.
Mi aliento se corto, cuando vi el hollín desliarse por sus mejillas por las lágrimas, el cayo en sus rodillas y yo caí con él.
—Trent es inteligente, Trav. Él salió, él debió haber encontrado otra forma— dije, tratando también de convencerme a mí misma.
Travis colapso en mis piernas, tomando mi camisa con ambos puños. Lo sostuve, no sabía que mas hacer. Una hora paso, observamos con esperanza que disminuía mientras observábamos como sacaban a dos personas y luego continuaban saliendo con las manos vacías. A medida que los paramédicos atendían y la ambulancia arrancaba en la noche, con victimas de quemaduras, esperamos. Media hora después, los cuerpos que sacaban estaban más allá de la salvación, el suelo estaba lleno de bajas, mucho más numerosas de los que habían escapado. Los ojos de Travis no dejaron la puerta, esperando que sacaran a su hermano de la salida.
— ¿Travis?— Volteamos a la misma vez para ver a Adam parado al lado nuestro. Travis se puso de pie, jalándome con él. —Estoy feliz de que ustedes chicos lo lograran— Dijo Adam. Luciendo atónito y desconcertado. — ¿Dónde estabas?— Travis no respondió.
Nuestros ojos volvieron a los restos carbonizados de los dormitorios Keaton. El humo negro y espeso salía de las ventanas. Enterré mi rostro en el pecho de Travis, cerrando mis ojos, esperando que en cualquier momento despertara.
—Tengo que…tengo que llamar a mi papá— Travis dijo, sus cejas juntándose mientras abría su celular. Respire profundamente, esperando que mi voz sonara más fuerte de lo que me sentía.
—Tal vez deberías esperar. Travis no sabemos nada aun.
Sus ojos no dejaron el teclado y sus labios temblaron. —Esto no está bien, nunca deberíamos haber estado allí.
—Esto fue un accidente, tú nunca hubiese podido saber que esto pasaría— dije tocando su mejilla.
Su rostro se comprimió, cerrando fuertemente los ojos, él respiro profundamente y comenzó a marcar el número de su padre.
19.ULTIMO BAILE
Justo antes de que el sol se abriera paso en el horizonte, América y yo silenciosamente dejamos el apartamento. No hablamos camino a Morgan y yo estaba agradecida por el silencio. Yo no quería hablar, yo no quería pensar. Sólo quería bloquear las últimas doce horas, mi cuerpo se sentía pesado y adolorido como si hubiese estado en un accidente de autos. Cuando entramos a mi habitación, vi que la cama de Kate estaba hecha.
— ¿Me prestas tu alisadora de cabello?
—Mare, estoy bien. Ve a clases.
—No, no estás bien. No quiero dejarte sola ahora.
—Eso es todo lo que quiero en el momento.
Ella abrió su boca para discutir, pero suspiró. No cambiaría mi opinión. —Vendré a verte después de clases. Descansa.
Asentí, cerrando la puerta tras de ella. La cama chilló debajo de mi cuando me deje caer sobre ella en un ata que de rabia... todo el tiempo creí que era importante para Travis; que él me necesitaba pero en ese momento, me sentí como el brillante juguete que Parker dijo que era. Él quería probarle a Parker que aún era suya. Suya.
—No soy de nadie —dije a una habitación vacía.
Cuando las palabras se acentuaron. Estaba abrumada por el dolor que había sentido la noche anterior. No le pertenecía a nadie.
Nunca me sentí más sola en mi vida.
Finch puso una botella café frente a mí. Ninguno de nosotros quería celebrar, pero estaba al menos reconfortada por el hecho de que, según América, Travis evitaría la fiesta de Citas a toda costa. Papel rojo y rosado cubrían las botellas vacías que colgaban del techo y vestidos rojos en distintos estilos desfilaban. Las mesas estaban cubiertas con pequeños corazones. Finch rodó sus ojos ante la ridícula decoración.
—El Día de San Valentín en una casa de fraternidad. Romántico —él dijo, viendo a las parejas caminar.
Shepley y América estaban abajo bailando desde el momento en que llegamos y Finch y yo protestamos nuestra presencia haciendo pucheros en la cocina. Me bebí el contenido de la bebida rápidamente, decidida a borrar los recuerdos de la última fiesta de parejas a la cual asistí.
Finch abrió otra lata y me entregó otra, sabiendo de mi desesperación por olvidar. —Traeré más, —dijo él yendo hacia el refrigerador.
—El barril es para los invitados, las botellas para los Sig Tau. —Una chica se burló a mi lado.
Miré al vaso rojo en su mano. —O tal vez tu novio te dijo eso porque contaba con una cita barata.
Ella entrecerró sus ojos, se apartó de la barra y se llevó su vaso a otro lugar. — ¿Quién era esa? —Preguntó Finch sentándose con cuatro botellas más.
—Alguna perra de la fraternidad, —dije mientras la miraba alejarse.
Para el momento en que América y Shepley se nos unieron, había seis botellas vacías a mi lado, mis dientes estaban dormidos y se sentía más fácil sonreír. Estaba más cómoda recostada en mi lugar en la barra. Travis no se había presentado. Y yo podía sobrevivir el resto de la fiesta en paz.
— ¿Ustedes chicos van a bailar o qué? —América preguntó.
Miré a Finch — ¿Vas a bailar conmigo Finch?
— ¿Vas a ser capaz de bailar? —él dijo, alzando una ceja
—Sólo hay una manera de averiguarlo, —dije jalándolo al primer piso. Rebotamos y nos sacudimos hasta que un fino brillo de sudor comenzó a formarse debajo de mi vestido. Justo cuando creí que mis pulmones explotarían. Una canción lenta salió de los altavoces. Finch miró incomodo alrededor de nosotros, viendo a las parejas acercarse.
— ¿Vas hacerme bailar esto, cierto? —Él preguntó.
—Es el Día de San Valentín. Pretende que soy un chico.
Él rió, llevándome a sus brazos. —Es difícil si estás usando un pequeño vestido rosado.
—Como sea, como si nunca hubieses visto un chico en vestido.
Finch se encogió de hombros. —Cierto.
Me reí apoyando mi cabeza en su hombro, el alcohol hizo que mi cuerpo se sintiese pesado y perezoso mientras trataba de moverme a un ritmo lento.
— ¿Te importa si interrumpo, Finch?
Travis estaba de pie detrás de nosotros, medio divertido, medio preparado para mi reacción, la sangre de mis mejillas inmediatamente estalló en llamas.
Finch me miró, luego a Travis. —Seguro.
—Finch, —siseé mientras se alejaba. Travis me atrajo hacia él e intenté mantener el mayor espacio entre nosotros como fuese posible—. Pensé que no vendrías.
—No iba a venir, pero sabía que estabas aquí. Tuve que venir.
Miré alrededor de la habitación, evitando sus ojos. Cada movimiento que hacía, estaba muy consciente de ellos, los cambios de presión de sus dedos donde me tocaba, sus pies arrastrándose junto a los míos, sus brazos moviéndose, rozando mi vestido. Me sentía ridícula pretendiendo no notarlo. Su ojo estaba sanando, el moretón casi desapareciendo. Las manchas rojas en su rostro habían desaparecido como si yo las hubiera imaginado. Toda evidencia de esa horrible noche había desaparecido, dejando sólo el dolor del recuerdo.
Él miraba cada respiración mía y cuando la canción estaba a medio terminar, él suspiró. —Estás hermosa, Pidge.
—No.
— ¿No qué? ¿Qué no te diga que eres hermosa?
—Sólo… no.
—No era mi intención.
Resoplé frustrada. —Gracias.
—No, tú luces hermosa, eso es verdad. Estaba hablando de lo que dije en mi habitación. No voy a mentir. Disfruté alejándote de tu cita con Parker…
—No era una cita, Travis. Sólo estábamos comiendo. Él ahora no me habla, gracias a ti.
—Lo escuché. Lo siento.
—No, no lo haces.
—Tú… tú tienes razón, —dijo él, tartamudeando cuando vio mi expresión impaciente—. Pero yo… esa no fue la única razón por la que te llevé a la pelea, te quería allí conmigo. Pidge. Tú eres mi amuleto de la suerte.
—No soy tu nada, —espeté, mirándolo.
Él juntó sus cejas y paró de bailar. —Tú eres mi todo.
Presioné mis labios, tratando de mantener mi enojo en la superficie, pero era imposible estar enfadada con él cuando me miraba de esa forma.
— ¿Tú de verdad no me odias… cierto? —Él preguntó.
Me alejé de él, poniendo más distancia entre nosotros. —A veces desearía hacerlo, haría todo este infierno más sencillo.
Una sonrisa cuidadosa se esparció por sus labios en una sutil y fina línea. — ¿Entonces que te enfada más? ¿Lo que hice para que quisieras odiarme? ¿O saber que no puedes?
La rabia regresó, pasé a su lado, corriendo por las escaleras hasta la cocina. Mis ojos comenzaban a brillar, pero me negué a ser un lio de sollozos en esta fiesta de citas. Finch se puso de pie al pie de la mesa, y suspiré aliviada cuando me entregó una cerveza.
Por la siguiente hora miré a Travis rechazar chicas y beber tragos de whisky en la sala. Cada vez que me miraba, yo miraba a otro lado. Determinada a pasar la noche sin una escena.
—Ustedes dos se ven miserables, —dijo Shepley.
—No podrían verse más aburridos así lo hicieran apropósito, —América murmuró.
—No lo olviden… no queríamos venir —Finch les recordó.
América hizo su famosa cara y yo tan famosa por ceder. —Podrías pretender, Abby. Por mí.
Justo cuando abrí mi boca para decir algo mordaz, Finch tocó mi brazo. —Creo que cumplimos con nuestro deber, ¿estás lista para irnos Abby?
Bebí un último trago rápido de mi cerveza y tomé la mano de Finch. Tan ansiosa como estaba para irme, mis piernas se congelaron cuando la misma canción que Travis y yo bailamos en mi cumpleaños flotó por las escaleras. Cogí la botella de Finch y tomé un sorbo, tratando de bloquear los recuerdos que llegaron con la música.
Brad se recostó en la barra. — ¿Quieres bailar?
Le sonreí y negué con la cabeza, él empezó a decir algo más pero fue interrumpido.
—Baila conmigo, —Travis estaba parado a un metro de mí, su mano extendida hacia a mí. América, Shepley y Finch me miraban. Esperando por mi respuesta tan ansiosos como Travis.
—Déjame en paz, Travis, —dije, cruzando mis brazos.
—Esta es nuestra canción, Pidge.
—No tenemos canción.
—Pigeon…
—No.
Miré a Brad y forcé una sonrisa. —Me encantaría bailar, Brad.
Las pecas de Brad se extendieron por sus mejillas cuando sonrió, haciendo un gesto para que subiera las escaleras.
Travis se tambaleó, el dolor claramente en sus ojos. —Un brindis, —gritó.
Me estremecí, girando justo a tiempo para verlo subir a una silla, robando una cerveza al Sig Tau más cercano. Miré a América que observaba a Travis con una expresión plana.
—A los idiotas, —dijo él haciendo un gesto hacia Brad—, y a las chicas que rompen tu corazón. —Él inclinó su cabeza hacia mí, sus ojos perdieron concentración—. Y al absoluto y horrible horror de perder a tu mejor amiga porque fuiste lo suficientemente estúpido para enamorarte de ella.
Él bebió su cerveza, terminando lo que quedaba, y luego botándola en el piso, la habitación estaba en silencio excepto por la música que tocaban en el piso de abajo y todos miraban a Travis en confusión.
Mortificada tomé la mano de Brad y lo guie abajo a la pista de baile. Unas cuantas parejas nos siguieron, observándome de cerca, por lágrimas u otra respuesta ante el brindis de Travis, relajé mi rostro negándome a darles lo que querían.
Bailamos algunos pasos tensos y Brad suspiró —Eso fue… raro.
—Bienvenido a mi vida.
Travis se abrió camino a través de las parejas en la pista de baile deteniéndose a mi lado, le tomó un momento mantenerse de pie. —Los interrumpo.
—No, no lo harás ¡Jesús! —dije, negándome a mirarlo.
Después de unos tensos segundos miré hacia arriba. Viendo los ojos de Travis perforar los de Brad. —Si no te alejas de mi chica, te cortaré la garganta aquí mismo en la pista de baile.
Brad parecía confundido, sus ojos miraban de Travis a mí. —Lo siento, Abby. —Dijo, lentamente alejando sus brazos de mí. Él se retiró hacia las escaleras y yo me quedé allí humillada.
—Como me siento hacia ti esta noche Travis…. está muy cerca del odio.
—Baila conmigo, —suplicó balanceándose para mantener su equilibrio.
La canción terminó y suspiré aliviada. —Ve y bebe otra botella de whisky, Trav, —me volví a bailar con el único chico soltero en la pista de baile.
El ritmo era rápido y sonreí a mi nuevo y sorprendido compañero de baile, tratando de ignorar el hecho de que Travis estaba a sólo unos metros detrás de mí. Otro hermano Sig Tau bailo detrás de mí, agarrando mis
caderas. Lo alcancé, jalándolo más cerca. Me recordaba a la forma en que Travis y Megan había bailado esa noche en el Red. He hice mi mejor intento por recrear la escena que deseé en muchas ocasiones poder olvidar. Dos pares de manos estaban prácticamente en cada parte de mi cuerpo y era más fácil ignorar la parte más reservada con esa gran cantidad de alcohol en mi sistema.
De repente, yo estaba en el aire, Travis me tiró encima de su hombro al mismo tiempo empujando a uno de sus hermanos duro, contra el piso.
— ¡Bájame! —dije, golpeando mis puños contra su espalda.
—No voy a dejar que te avergüences por mí —gruñó él, bajando las escaleras de dos en dos.
Cada par de ojos me observaba patear y gritarle a Travis por la habitación. — ¿Tú no crees… —dije mientras luchaba—, que esto es vergonzoso? ¡Travis!
— ¡Shepley! ¿Está Donnie fuera? —Travis dijo, esquivando mis piernas.
—Uh… ¿Sí? —Dijo él
— ¡Bájala! —dijo América, acercándose a nosotros.
—América —me retorcí—. ¡No te quedes allí! ¡Ayúdame!
Sus labios se alzaron y se echó a reír una vez. —Ustedes dos se ven ridículos.
Mis cejas se juntaron ante sus palabras, sorprendida y enojada a la vez de que ella encontrara algo de esta situación graciosa.
Travis se dirigió hacia la puerta y la miré. — ¡Muchas gracias, amiga!
El aire frío golpeó las partes desnudas de mi piel, y protesté más fuerte. — ¡Bájame, maldición!
Travis abrió la puerta de auto y me tiró en el asiento trasero, deslizándose a mi lado. —Donnie, ¿tú eres el conductor designado esta noche?
—Sí, —dijo nerviosamente mientras me observaba luchar.
—Necesito que nos lleves a mi apartamento.
—Travis… no creo…
La voz de Travis era controlada pero amenazante. —Hazlo, Donnie o te juro que te golpearé la parte de atrás de tu cabeza con mi puño, lo juro por el amor de Dios.
Donnie se apartó de la acera y me lancé hacia la manija de la puerta. —No voy a ir a tu apartamento.
Travis me agarró de una muñeca y luego la otra, me acerqué para morder su brazo. Él cerró sus ojos y luego un gruñido escapó de su mandíbula apretada cuando mis dientes se hundieron en su piel. Librosdelcielopersonal.blogspot.com
—Haz lo mejor que puedas, Pidge. Estoy cansado de tu mierda.
Solté su piel y me sacudí, intentando liberarme de su agarre. — ¿Mi mierda? ¡Déjame salir de este maldito auto!
Él puso mis muñecas cerca de su rostro. — ¡Te amo, maldición! ¡No irás a ningún lado hasta que estés sobria y arreglemos esto!
—Tú eres el único que no ha arreglado esto, Travis, —dije, él me soltó y yo crucé mis brazos, puse mala cara todo el camino hacia el apartamento.
Cuando el auto desaceleró para detenerse, me acerqué. — ¿Puedes llevarme a casa, Donnie?
Travis me sacó del auto por el brazo y me levantó en su hombro de nuevo, cargándome por las escaleras. —Buenas noches, Donnie.
— ¡Llamaré a tu padre! —Grité.
Travis se rió en voz alta. — ¡Y él probablemente me golpeará en el hombro y me dirá que ya era hora!
Él luchó por abrir la puerta mientras yo pateaba y movía mis brazos para escapar. — ¡Detente, Pidge, o aceremos por las escaleras! —Una vez que abrió la puerta, él entró hacia la habitación de Shepley.
— ¡BÁJAME! —Grité.
—Bien, —dijo, dejándome en la cama de Shepley—. Duerme, hablaremos por la mañana.
La habitación estaba oscura; la única luz una viga que brillaba de la luz del pasillo. Luché por concentrarme a través oscuridad, cerveza y rabia, y cuando él prendió la luz, iluminó su sonrisa de autosuficiencia.
Golpeé el colchón con mis puños, — ¡No puedes decirme que hacer, Travis! ¡No te pertenezco!
Un segundo le tomó volverse y encararme, su expresión se había contorsionado con rabia, él se acercó a grandes zancadas hacia a mí, poniendo sus manos sobre la cama y acercándose a mi rostro.
— ¡BUENO, YO TE PERTENEZCO! —Las venas de su cuello sobresalían mientras gritaba, me encontré con su mirada, negándome siquiera a parpadear. Él miró hacia mis labios, jadeando—. Te pertenezco, —susurró, su rabia derritiéndose cuando se dio cuenta cuan cerca estábamos.
Antes de que pudiera pensar una razón para no hacerlo, tomé su rostro, golpeando mis labios contra los suyos. Sin dudarlo Travis me levantó con sus brazos. En pocas zancadas me llevó a su habitación, ambos cayendo sobre su cama.
Tiré su camisa sobre su cabeza, buscando en la oscuridad a tientas la hebilla de su cinturón. Él lo abrió, rompiéndolo y tirándolo al suelo. Él me levantó del colchón con una mano, y me quitó el vestido con la otra. Lo jalé sobre mi cabeza, tirándolo en algún lado en la oscuridad, y entonces Travis me besó, gimiendo sobre mis labios.
Con sólo unos cuantos movimientos, sus bóxers estaban fuera y él presionó su pecho contra el mío. Agarré su trasero, pero él se resistió cuando intenté acercarlo a mí.
—Los dos estamos borrachos —dijo él, respirando rápidamente.
—Por favor. —Presioné mis piernas contra sus caderas, desesperada por aliviar el ardor entre mis muslos. Travis estaba empeñado en que volviéramos, y no tenía intención de resistir lo inevitable, así que estaba más que lista para pasar la noche entre sus sábanas.
—Esto no está bien, —dijo él
Él estaba justo encima de mí, presionando su frente contra la mía, tenía la esperanza de que fueran una media protesta y que podía de alguna forma persuadirlo de que él estaba equivocado. La forma en que no podíamos mantenernos alejados uno del otro, era inexplicable. Pero no necesitaba más una explicación. No necesitaba ni siquiera una excusa, en este momento sólo lo necesitaba a él.
—Te quiero.
—Necesito que lo digas, —dijo él
Mi interior gritaba por él, y no podía soportarlo un segundo más. —Diré lo que quieras que diga.
—Entonces di que me perteneces, di que me tomas de vuelta, no haré esto a menos que estemos juntos.
—Nunca hemos estado separados, ¿cierto? —Pregunté. Esperando que fuera suficiente.
Él negó con su cabeza, sus labios rozando los míos. —Necesito escuchar que lo digas. Necesito saber que eres mía.
—He sido tuya desde el segundo en que nos conocimos.
Mi voz tomó un tono de ruego, en otro momento sería vergonzoso, pero estaba más allá del arrepentimiento. Había luchado contra mis sentimientos, guardados, embotellados. Había experimentado momentos de felicidad en Eastern, todos ellos con Travis, luchando, riéndome, amando o llorando, era con Travis donde quería estar.
Uno de los lados de su boca se estiró cuando tocó mi rostro y entonces sus labios tocaron los míos, en un beso tierno. Cuando lo jalé hacia a mí, él no se resistió. Sus músculos se tensaron, y sostuvo la respiración mientras se deslizaba dentro de mí.
—Dilo de nuevo, —dijo él.
—Soy tuya, —suspiré. Cada nervio, fuera y dentro quemaba por más—. No quiero nunca más estar separada de ti.
—Prométemelo, —dijo él, gimiendo con otro empuje.
—Te amo. Te amaré por siempre. —Las palabras fueron más un suspiro, pero miré sus ojos cuando las dije, pude ver la incertidumbre desvanecerse de sus ojos e incluso pude ver con la poca luz su rostro iluminarse.
Finalmente satisfecho, selló su boca sobre la mía.
Travis me despertó con besos, mi cabeza estaba pesada y nublada por las bebidas de la noche anterior, pero la hora antes de dormir corrió en mi mente a vivido detalle, suaves labios bañaban mi mano, brazo y cuello. Y cuando alcanzaron mis labios, sonreí.
—Buenos días —dije contra su boca.
Él no habló, sus labios continuaron trabajando contra los míos. Entonces sus brazos me envolvieron y luego enterró su rostro en mi cuello.
—Estás callado esta mañana, —dije corriendo mis manos sobre su espalda desnuda. Y luego las dejé continuar hasta su trasero, y enrollé mis piernas en su cadera, besándolo en la mejilla.
Él negó con su cabeza. —Sólo quiero estar así, —susurró.
Fruncí el seño. — ¿Me perdí de algo?
—No quería despertarte, ¿Por qué no vuelves a dormir?
Me recosté contra la almohada, jalando su barbilla. Sus ojos inyectados con sangre y la piel alrededor de ellos llenos de ojeras.
— ¿Qué diablos está mal contigo? —pregunté, alarmada.
Él tomó mi mano y la besó, presionando su rostro contra mi cuello. —Sólo vuelve a dormir, Pidge, por favor.
— ¿Algo paso? ¿Es América? —Con la última pregunta, incluso viendo el miedo en mis ojos, su expresión no cambio. Él simplemente suspiró, y se sentó conmigo, mirando mis manos.
—No… América está bien, ellos llegaron alrededor de las cuatro de la mañana. Aún siguen durmiendo, es temprano, sólo vayamos a dormir.
Sintiendo mi corazón latir contra mi pecho, sabía que no tenía ninguna oportunidad para volver a dormir, Travis puso sus dos manos en cada lado de mi rostro y me besó, su boca se movía diferente, como si me besara por última vez. Él me acostó en la almohada, me besó una vez más y descansó su cabeza en mi pecho, envolviendo sus dos manos alrededor mío fuertemente.
Cada posible razón por el comportamiento de Travis apareció en mi cabeza como canales de televisión, lo abracé hacia a mí, con miedo a preguntar. — ¿Has dormido?
—Yo… no podía, no quería… —su voz se apagó.
Besé su frente, —Lo que sea que pase, lo superaremos juntos. ¿Por qué no duermes? Veremos qué hacer cuando despiertes.
Alzó su cabeza y escaneó mi rostro, vi tanto la desconfianza como la esperanza en sus ojos. — ¿Qué quieres decir con: veremos qué hacer?
Junte mis cejas, confundida, no podría saber que había pasado mientras yo dormía que podría causarle tanta angustia. —No sé qué está pasando, pero estoy aquí.
—Estás aquí ¿Cómo en te estás quedando? ¿Conmigo?
Sabía que mi expresión debía ser ridícula, pero mi cabeza giraba por ambos, el alcohol y la pregunta bizarra de Travis. —Sí. ¿Pensé que habíamos hablado anoche de eso?
—Lo hicimos, —él asintió animándome.
Busqué la habitación con mis ojos, pensando, sus paredes ya no estaban vacías como la primera vez que lo conocí, ahora tenían baratijas en las paredes de los lugares en los cuales la habían pasado juntos, y la pared blanca era interrumpida por marcos negros de fotos mías, nuestras, de Toto, y nuestro grupo de amigos, un marco más grande de los dos en mi cumpleaños sustituía el sombrero que había colgado en un clavo encima de su cabecera.
Entrecerré mis ojos. — ¿Pensaste que despertaría enfadada contigo cierto? ¿Pensaste que me iría?
Él se encogió de hombros, haciendo un pobre intento de indiferencia que solía salirle tan bien. —Eso es por lo que eres famosa.
— ¿Es por eso que estas tan enfadado? ¿Estabas preocupado por lo que pasaría cuando despertara?
Él se acomodó, como si sus siguientes palabras fueran difíciles. —No quería que anoche pasara de esa forma, estaba un poco borracho, te seguí en la fiesta como un maldito acosador y luego que traje aquí en contra de tu voluntad… y luego nosotros… —Él negó con su cabeza, claramente disgustado con las imágenes que corrían por su mente.
— ¿Tuvimos el mejor sexo de mi vida? —Sonreí apretando su mano.
Travis se rió una vez, la tención alrededor de sus ojos desvaneciéndose lentamente. — ¿Entonces, estamos bien?
Lo besé tocando los lados de su rostro con ternura. —Sí, tontito. ¿Lo prometí no? Te dije todo lo que querías escuchar, estamos juntos y ¿aún no estás feliz?
Su rostro se comprimió en una sonrisa.
—Bebé, basta, te amo, —dije, suavizando las líneas de sus ojos—, este absurdo enfrentamiento pudo haber terminado en el Día De Acción de Gracias pero…
—Espera… ¿Qué? —Dijo él acercándose.
—Estaba completamente preparada para rendirme en Acción de Gracias, pero tú dijiste que habías terminado de hacerme feliz, y yo era muy orgullosa para decirte que te quería devuelta.
— ¡¿Estás bromeando!? ¡Estaba intentando hacerlo fácil para ti! ¿Sabes cuan miserable he sido?
Fruncí el seño. —Parecías bien después de las vacaciones.
—Eso era por ti, tenía miedo de perderte si no pretendía estar bien con lo de ser amigos. ¿Pude estar contigo todo este tiempo? ¡¿Qué diablos, Pidge?!
—Yo… yo. —No podía discutir, nos hice sufrir a los dos, no tenía excusa—. Lo siento.
— ¿Lo sientes? Casi bebí hasta la muerte, casi no podía salir de la cama, destruir mi teléfono en millones de piezas en la víspera de Año Nuevo para evitar llamarte y me dices que… ¿Lo sientes?
Mordí mi labio y asentí, avergonzada, no tenía ni idea por lo que había pasado y escucharlo decir las palabras causaba un agudo dolor en mi pecho. —Lo siento… mucho, mucho.
—Estás perdonada, —dijo con una sonrisa—. No lo vuelvas a hacerlo nunca.
—No lo haré, lo prometo.
Él mostró su hoyuelo y negó con la cabeza. —Te amo, maldita sea.
18.HELLERTON
América no había vuelto a Morgan desde su reunión con Shepley. Ella estaba siempre ausente en el almuerzo, y sus llamadas telefónicas eran pocas y distantes entre sí. No les envidiaba el tiempo de hacerlo por el tiempo que habían pasado aparte. A decir verdad, yo estaba feliz de que América estuviera demasiado ocupada para llamarme desde el apartamento de Shepley y Travis. Era vergonzoso escuchar a Travis en el fondo, y me sentí un poco celosa de que ella pasara tiempo con él y yo no.
Finch y yo estábamos viéndonos más el uno al otro, y yo estaba egoístamente agradecida que él estuviera tan solo como yo. Íbamos a clase, comíamos juntos, estudiábamos juntos, e incluso Kara se acostumbró a tenerlo al rededor.
Mis dedos estaban empezando a adormecerse por el aire frío mientras estaba fuera de Morgan mientras él fumaba.
— ¿Considerarías dejar de fumar antes de que me de hipotermia por estar aquí para darte apoyo moral? —Le pregunté.
Finch se echó a reír. —Te amo, Abby. Realmente lo hago, pero no. No dejaré de fumar.
— ¿Abby?
Me volví para ver Parker caminando por la acera con las manos en los bolsillos. Sus labios estaban secos debajo de su nariz roja, y me reí cuando se puso un cigarrillo imaginario en la boca y exhaló una bocanada de aire brumoso.
—Podrías ahorrar mucho dinero de esta manera, Finch, —sonrió.
— ¿Por qué todo el mundo está destrozando mi hábito de fumar hoy? —Preguntó, molesto.
— ¿Qué pasa, Parker? —Le pregunté.
Sacó dos billetes de su bolsillo. —Van a estrenar la nueva película de Vietnam. Dijiste que querías verla el otro día, así que pensé que podría comprar unas entradas para esta noche.
—Sin presión, —dijo Finch.
—Puedo ir con Brad, si tienes planes, —dijo encogiéndose de hombros.
— ¿Así que no es una cita? —Le pregunté.
—No, sólo amigos.
—Y hemos visto cómo funciona para ti, —bromeó Finch.
— ¡Cállate! —Me reí—. Eso suena divertido, Parker, gracias.
Sus ojos se iluminaron. — ¿Te gustaría si vamos a por pizza o algo así antes? No soy un gran fan de la comida del cine.
—Pizza es genial, —asentí con la cabeza.
—Eso, eh... eso es bueno, entonces. La película es a las nueve, ¿así que te voy a recoger a las seis y media o algo así?
Asentí con la cabeza de nuevo y Parker se despidió.
—Oh, Jesús, —dijo Finch—. Eres una glotona, Abby. Sabes que no le gustará a Travis cuando se enteré de ello.
—Ya lo oíste. No es una cita. Y no puedo hacer planes basándome en lo que a Travis le guste. Él nunca aclaró las cosas conmigo antes de que llevara a Megan a casa.
—Nunca vas a dejar eso atrás, ¿verdad?
—Probablemente no, no.
Nos sentamos en un rincón, y me froté los guantes juntos, tratando de entrar en calor. No pude dejar de notar que estábamos en la misma mesa en la que Travis y yo nos sentamos cuando nos conocimos, y sonreí ante el recuerdo de ese día.
— ¿Que es tan gracioso? —Preguntó Parker.
—Me gusta este lugar. Buenos recuerdos.
—Me di cuenta de la pulsera, —dijo.
Miré a los diamantes brillantes en mi muñeca. —Te dije que me gustaba.
La camarera nos entregó los menús y tomó nuestra orden de bebidas. Parker me puso al día sobre su calendario de primavera, y habló sobre el progreso en sus estudios para el MCAT. En el momento en que la camarera nos sirvió las cervezas, Parker había tomado apenas un respiro. Parecía nervioso, y me pregunté si no tenía la impresión de que estábamos en una cita, independientemente de lo que él había dicho.
Se aclaró la garganta. —Lo siento. Creo que he monopolizado la conversación el tiempo suficiente. —Levantó su botella de cerveza y sacudió la cabeza—. No he hablado contigo en bastante tiempo, así que supuse que tenía mucho que decir.
—Está bien. Ha sido un largo tiempo.
En ese momento, la puerta sonó. Me volví para ver Travis y Shepley entrar. A Travis le tomó menos de un segundo para mirar a mi sitio, pero él no parecía sorprendido.
—Jesús, —murmuré para mis adentros.
— ¿Qué? —Preguntó Parker, dando la vuelta para verlos sentados en una mesa través de la habitación.
—Hay un lugar de hamburguesas bajando por la calle al que podemos ir, —dijo Parker en voz baja. Tan nervioso como estaba antes, había llegado a un nivel completamente nuevo.
—Creo que sería más incómodo irnos en este punto, —me quejé.
Su rostro cayó, derrotado. —Probablemente tienes razón.
Tratamos de continuar nuestra conversación, pero se notaba que era obligada e incómoda. La camarera pasó un largo período de tiempo en la mesa de Travis, pasando los dedos por el pelo y cambiando su peso de un pie al otro. Ella finalmente se acordó de llevar nuestra orden cuando Travis contestó su teléfono celular.
—Voy a pedir los tortellini, —dijo Parker, mirándome.
—Y voy a pedir... —me perdí. Yo estaba distraída cuando Travis y Shepley se pusieron de pie.
Travis siguió Shepley a la puerta, pero dudó, se detuvo y se dio la vuelta. Cuando vio que yo lo observaba, se dirigió directamente a mí través del cuarto. La camarera tenía una sonrisa expectante, como si pensara que él había vuelto para despedirse. Ella estuvo rápidamente decepcionada cuando se paró a mi lado sin siquiera parpadear en su dirección.
—Tengo una pelea en cuarenta y cinco minutos, Pidge. Quiero que estés allí.
—Trav...
Su rostro estaba estoico, pero yo podía ver la tensión alrededor de sus ojos. Yo no estaba segura si él no quería dejarme con Parker para el destino, o si realmente me quería con él, pero yo había tomado la decisión en el segundo que me había pedido. Librosdelcielopersonal.blogspot.com
—Te necesito ahí. Se trata de una revancha con Brady Peterson, el tipo de Estado. Es una gran multitud, mucho dinero flotando por ahí... y Adam dijo que Brady ha estado entrenando.
—Tú has luchado con él antes, Travis, sabes que es una victoria fácil.
—Abby, —dijo Parker en voz baja.
—Te necesito allí, —dijo Travis, su confianza desvaneciéndose.
Miré a Parker con una sonrisa de disculpa. —Lo siento.
— ¿Hablas en serio? —dijo, sus cejas disparándose—. ¿Te vas a ir en mitad de la cena?
—Aún puedes llamar a Brad, ¿verdad? —Pregunté, poniéndome de pie.
Las esquinas de la boca de Travis se levantaron infinitesimalmente cuando el arrojó un billete de veinte sobre la mesa. —Eso debería cubrirlo.
—No me importa el dinero... Abby...
Me encogí de hombros. —Él es mi mejor amigo, Parker. Si me necesita allí, tengo que ir.
Sentí la mano de Travis cubrir la mía cuando me llevó lejos.
Parker me miró con una mirada aturdida en su rostro. Shepley ya estaba en el teléfono en Charger, difundiendo la palabra. Travis se sentó en la parte de atrás conmigo, manteniendo mi mano firme en la suya.
—Acabo de hablar por teléfono con Adam, Trav. Dijo que los chicos del estado estaban borrachos y llenos de dinero en efectivo. Ellos ya están irritados, por lo que es posible que desees mantener a Abby fuera del camino.
Travis asintió con la cabeza. —Tú puedes mantener un ojo en ella.
— ¿Dónde está América? —Le pregunté.
—Estudiando para su examen de Física.
—Ese es un laboratorio agradable, —dijo Travis. Me reí una vez y luego miré a Travis quien tenía una pequeña sonrisa en su rostro.
— ¿Cuándo viste el laboratorio? Tú nunca has tenido física, —dijo Shepley.
Travis se echó a reír y le di un codazo. Apretó los labios juntos hasta que el impulso de reír desapareció y entonces él me guiñó un ojo, apretando mi mano una vez más. Sus dedos entrelazados con los míos, y oí un suspiro escapar de sus labios. Yo sabía lo que estaba pensando porque yo sentía lo mismo. En esa franja de tiempo, fue como si nada hubiera cambiado.
Nos detuvimos en una zona oscura del estacionamiento, y Travis se negó a dejar ir mi mano hasta que nos metimos en la ventana del sótano del Edificio de Ciencias Hellerton. Que acababa de ser construido el año anterior, por lo que no sufren de estancamiento del aire y el polvo como los otros sótanos en los que nos colábamos.
Cuando entramos en el pasillo, el rugido de la multitud llegó a nuestros oídos. Asomé la cabeza para ver un mar de caras, muchas de ellas desconocidas. Todo el mundo tenía botellas de cerveza en la mano, pero los estudiantes universitarios del Estado se notaban fácilmente en la multitud. Ellos fueron los únicos que se movían con sus ojos medio cerrados.
—Mantente cerca de Shepley, Pigeon. Se va a poner loco aquí, —dijo detrás de mí. Echó un vistazo a la multitud, moviendo la cabeza ante la enorme cantidad.
El Sótano de Hellerton era el más espacioso en el campus, por lo que Adam le gustaba programar peleas aquí cuando se esperaba una multitud mayor. Incluso con la adición del espacio, la gente se frotaba contra las paredes y se empujan unos a otros para conseguir un buen lugar.
Adam dobló la esquina y no trató de ocultar su descontento con mi presencia. —Pensé que te había dicho que no podías traer a tu novia a la lucha, nunca más, Travis.
Travis se encogió de hombros. —No es mi novia, nunca más.
Mantuve mis facciones en lugar, pero él dijo las palabras de manera tan casual, que causó una sensación punzante en mi pecho.
Adam miró nuestros dedos entrelazados y luego a Travis. —Nunca hubiese pensado que no estaban juntos. —Sacudió la cabeza y luego miró a la multitud. La gente todavía estaba en las escaleras, y los de la planta baja fueron emparejados juntos—. Tenemos un bote insano esta noche, Travis, así que no lo eches a la mierda, ¿de acuerdo?
—Me aseguraré de que sea entretenido, Adam.
—Eso no es lo que me preocupa. Brady ha estado entrenando.
—Yo también.
—Tonterías, —se rió Shepley.
Travis se encogió de hombros. —Me metí en una pelea con Trent el fin de semana pasado. Ese pequeño pendejo es rápido.
Me reí y Adam me miró. —Es mejor que te tomes esto en serio, Travis, —dijo, mirándolo a los ojos—. Tengo un montón de dinero en juego en este combate.
— ¿Y yo no? —Dijo Travis, irritado ante el discurso de Adam.
Adam se dio la vuelta, sosteniendo el cuerno de toro en sus labios mientras se subió a una silla por encima de la multitud de espectadores borrachos. Travis me atrajo hacia su lado cuando Adam saludó a la multitud y luego habló sobre las reglas.
—Buena suerte, —le dije, tocándole el pecho. No me había sentido nerviosa de verlo pelear desde la pelea que había tenido con Brady, pero no podía evitar la sensación ominosa que había tenido desde que pusimos un pie en Hellerton. Algo que estaba fuera de lugar, y Travis también lo sentía.
Travis me agarró de los hombros y me plantó un beso en los labios. Se apartó rápidamente, asintiendo con la cabeza una vez. —Esa es toda la suerte que necesito.
Aún estaba sorprendida por la calidez de los labios de Travis cuando Shepley tiró de mi brazo a la pared hasta llegar al lado de Adam. Fui golpeada y recibí codazos, me recordó a la primera noche que vi a Travis luchar, pero la multitud era menos amistosa y algunos de los estudiantes del Estado estaban hostiles. Los de Eastern aplaudían y silban a Travis cuando entró al Círculo, y la multitud del Estado abucheó a Travis y animaban a Brady.
Estaba en una posición privilegiada para ver a Brady observar a Travis, impaciente para que el cuerno sonara. Como era costumbre, Travis tenía una leve sonrisa en su rostro, sin ser afectado por los gritos a su alrededor. Cuando Adam comenzó la pelea, Travis intencionalmente dejó que Brady tomara el primer golpe. Me sorprendí cuando su rostro tiró con fuerza hacia el otro lado con el golpe. Brady había entrenado.
Travis sonrió, sus dientes de un color rojo brillante y luego se concentró a esquivar todos los golpes de Brady.
— ¿Por qué está dejando que le dé tanto? —Le pregunté a Shepley.
—No creo que se lo esté permitiendo, ya no, —dijo Shepley, sacudiendo la cabeza—. No te preocupes, Abby. Se está preparando para llevarlo al nivel superior.
Después de diez minutos Brady estaba sin aliento, pero todavía lanzaba golpes sólidos en los costados y la mandíbula de Travis. Travis atrapó el zapato de Brady cuando éste intentó darle una patada, y mantuvo su pie en alto con una mano, luego le dio un puñetazo en la nariz con una fuerza increíble para luego levantar su pierna aún más alto, causando que Brady perdiera el equilibrio. La multitud estalló cuando Brady cayó al suelo, pero no estuvo allí por mucho tiempo. Se puso de pie, ahora con dos líneas de color rojo oscuro deslizándose por su nariz. Al momento siguiente, consiguió azotarle dos golpes a la cara de Travis. La sangre se deslizó de un corte en la ceja hasta tocar su mejilla.
Cerré los ojos y me alejé un poco con la esperanza de que Travis terminara la pelea pronto. El pequeño movimiento de mi cuerpo me arrojó a la corriente de los espectadores, y antes de que pudiera darme cuenta, estaba a varios metros alejada de un Shepley preocupado. Luché contra la multitud, hasta que sentí una pared detrás de mí.
La puerta más cercana estaba al lado opuesto de la habitación, a la misma distancia de la puerta por donde habíamos venido. Mi espalda se estrelló contra la pared de concreto, dejándome sin aliento.
— ¡Shep! —Grité, agitando la mano por encima de mí para llamar su atención. La lucha estaba en su apogeo. Nadie podía oírme.
Un hombre perdió el equilibrio y utilizo mi camisa para equilibrarse, derramando su cerveza sobre mí. Estaba empapada desde el cuello hasta la cintura, hediendo con un olor amargo de cerveza barata. El hombre todavía tenía la camisa entre sus manos mientras trataba de ponerse de pie, y retiré sus dedos hasta que me soltó. No me tomó en cuenta dos veces, abriéndose paso a empujones a través de la multitud.
— ¡Hey! ¡Yo te conozco! —Gritó un hombre en mi oído.
Me alejé, reconociéndolo de inmediato. Era Ethan, el hombre al que Travis había amenazado en el bar—el hombre que de alguna manera se había librado de los cargos por asalto sexual.
—Sí, —dije, buscando un hueco entre la multitud mientras arreglaba mi camisa.
—Ese es un bonito brazalete, —dijo, deslizando su mano por mi brazo hasta tomar mi muñeca.
—Hey, —le advertí, tirando de mi mano de su agarre.
Se frotó el brazo, balaceándose y sonriendo. —Fuimos groseramente interrumpidos la última vez que hablamos.
Me paré sobre la punta de mis pies, viendo a Travis lanzar dos golpes al rostro de Brady, y observando a la multitud entre cada uno. Estaba buscándome en vez de concentrarse en la pelea. Tenía que volver a mi lugar antes de que él estuviese demasiado distraído.
Apenas había avanzado dos pasos hacia la multitud cuando los dedos de Ethan se clavaron en la parte de atrás de mis jeans. Mi espalda se estrelló contra la pared una vez más.
—No he terminado de hablar contigo, —dijo Ethan, mirando mi camisa mojada con intención lasciva.
Saqué su mano de la parte de atrás de mis jeans, encajándole mis uñas. — ¡Suéltame! —Grité cuando opuso resistencia.
Se rió y escaneé la multitud en busca de un rostro familiar cuando me apretó contra él. —No quiero dejarte ir. Traté de alejarlo lejos, pero sus brazos eran fuertes y su agarre férreo. Presa del pánico, no podía distinguir a los estudiantes del Estado a los de Eastern. Nadie parecía darse cuenta de mi lucha contra Ethan, y estaba tan ruidoso, nadie me podía oír protestar, tampoco. Él se inclinó, deslizando su mano hasta mi trasero y dándome un apretón.
—Siempre supe que tenías un culo espectacular, —dijo, respirando cerveza rancia en mi cara.
— ¡DÉJAME! —Grité, empujándolo.
Busqué a Shepley, y vi que Travis finalmente me había visto entre la multitud. Al instante trató de abrirse camino ante los cuerpos que lo rodeaban.
— ¡Travis! —Grité, pero fue ahogado en medio de los gritos. Empujé a Ethan con una mano y traté de tomar a Travis con la otra.
Travis había avanzado un poco antes de ser empujando de nuevo en el Círculo. Brady se aprovechó de la distracción de Travis y chocó su codo contra el costado de su cabeza.
La multitud se calmó un poco cuando Travis azotó un puñetazo a alguien en la multitud, tratando de llegar a mí una vez más.
— ¡Suéltala maldita sea! —Gritó Travis.
En la línea entre donde yo estaba y los intentos desesperados de Travis de llegar a mí, las cabezas se volvieron hacia mí. Ethan no estaba consciente, tratando de mantenerme quieta el tiempo suficiente para besarme. Deslizó su nariz a través del hueso de mi mejilla hasta llegar a mi cuello.
—Hueles muy bien, —susurró.
Alejé su rostro de mí, pero me agarró la muñeca, imperturbable.
Con los ojos muy abiertos, busqué a Travis otra vez. Él desesperadamente me señaló y luego miró a Shepley. — ¡Ve por ella! ¡Shep! ¡Ve por ella! —Dijo, todavía tratando de abrirse paso entre la multitud. Brady tiró de él de nuevo al Círculo y lo golpeó de nuevo.
—Eres una puta caliente, ¿lo sabías? —Dijo Ethan.
Cerré los ojos cuando sentí su boca en mi cuello. La irá brotó en mí y lo empujé de nuevo. — ¡Dije que me SUELTES! —Grité, pegándole con mi rodilla en la ingle.
Se dobló, con una mano volando automáticamente a la fuente del dolor, y la otra aferrándose a mi camisa, negándose a soltarme.
— ¡Perra! —Gritó.
En el momento siguiente, estaba libre. Los ojos de Shepley eran salvajes, su mirada fija en Ethan cuando lo tomó por el cuello de su camisa. Él lo sostuvo contra la pared mientras lanzaba golpe tras golpe con su puño en su, deteniéndose cuando la sangre comenzó a brotar de la boca y nariz de Ethan.
Shepley me llevó a las escaleras, empujando a cualquiera que se interponía en su camino. Él me ayudó a través de una ventana abierta, y luego por una escalera de incendios, atrapándome en sus brazos cuando salté los pocos metros hasta el suelo.
— ¿Estás bien, Abby? ¿Te hizo daño? —Preguntó Shepley.
Una de las mangas de mi suéter blanco estaba rota, de lo contrario hubiese salido ilesa. Sacudí mi cabeza, todavía aturdida.
Shepley suavemente tomó mis mejillas entre sus manos, mirándome a los ojos. —Abby, respóndeme. ¿Estás bien?
Asentí con la cabeza. Cuando la adrenalina desapareció de mi sangre, las lágrimas comenzaron a fluir. —Estoy bien.
Me abrazó, apretando su mejilla contra mi frente y luego se puso rígido. — ¡Por aquí, Trav!
Travis corrió hacia nosotros a toda velocidad, deteniéndose sólo cuando me tuvo en sus brazos. Estaba cubierto de sangre, sus ojos y boca salpicados de rojo.
—Jesucristo… ¿Está lastimada? —Preguntó.
La mano de Shepley aún seguía en mi espalda. —Ella dice que está bien.
Travis puso sus manos en mis hombros y frunció el ceño. — ¿Te ha hecho daño, Pidge?
Mientras negaba con la cabeza, vi el primer montón de gente gateando por debajo de la escalera de incendios. Travis me sostuvo fuertemente entre sus brazos, observando los rostros en silencio. Un hombre de baja estatura se congeló cuando se dio cuenta de que estábamos de pie en la acera.
—Tú, —gruñó Travis.
Me soltó, corriendo por el césped, tacleando al hombre contra la tierra.
Miré a Shepley, confundida y horrorizada.
—Ese es el tipo que continuaba empujando a Travis en el Círculo, —dijo Shepley.
Un pequeño grupo de espectadores se reunió alrededor de ellos mientras se enfrentaban en el suelo. Travis le dio un puñetazo en la cara al hombre una y otra vez. Shepley me sostuvo contra su pecho, todavía jadeando. El hombre dejó de pelear, y Travis lo dejó en la tierra en un montón de sangre. Los que se reunieron alrededor de él se dispersaron, dejándole libre el camino al ver la ira en sus ojos.
— ¡Travis! —Gritó Shepley, señalando al otro lado del edificio.
Ethan cojeaba entre las sombras, usando la pared de ladrillo de Hellerton para sostenerse a sí mismo. Cuando oyó gritar a Shepley llamando la atención de Travis, se volvió justo a tiempo. Ethan cogió por el césped, tirando la cerveza que sostenía en la mano y moviéndose tan rápido como sus piernas le permitían hacia la calle. Cuando llegó a su coche, Travis lo agarró y lo estrelló contra él.
Ethan le suplicó a Travis, Travis se apoderó de su camisa y estampó su cabeza contra la puerta del coche. Las suplicas se terminaron ante el sordo ruido de su cráneo contra el parabrisas, y luego Travis lo llevó a la parte delantera del coche y rompió el faro con la cara de Ethan. Travis lo lanzó sobre el capo, presionando su cara sobre el metal mientras le gritaba obscenidades.
— Puta madre, —dijo Shepley. Me volví para ver a Hellerton resplandeciendo de azul y rojo ante las luces de la patrulla acercándose rápidamente. La multitud de personas saltaron desde el aterrizaje, formando una cascada humana por la escalera de incendios, y después una ráfaga de estudiantes se disparó hacia todas las direcciones.
— ¡Travis! —Grité.
Travis dejó el cuerpo inerte de Ethan en el capó del coche para dirigirse hacia nosotros. Shepley me llevó hasta el estacionamiento, abriéndome la puerta. Di un salto en el asiento trasero, esperando ansiosamente a que ambos entraran al coche. Coches arrancaban de sus lugares dirigiéndose a otra dirección, deteniéndose brutalmente cuando una segunda unidad de policía bloqueó el camino.
Travis y Shepley saltaron a sus asientos, y Shepley maldijo cuando vio a los coches impidiéndole la única salida. Encendió el coche, y el Charger rebotó cuando saltó la acera. Se dio la vuelta a lo largo de la hierba, y volamos entre dos edificios, rebotando otra vez cuando el coche tocó la carretera detrás de la escuela.
Los neumáticos chirriaron y el motor rugió cuando Shepley azotó su pie en el acelerador. Me deslicé a través del asiento hasta tocar la puerta del coche cuando dio un giro, lastimando mi codo ya adolorido. El alumbrado de las calles eran pequeñas líneas de luz a través de la ventana mientras nos dirigíamos al apartamento, pero pareció que una hora había pasado cuando nos detuvimos en el estacionamiento.
Shepley estacionó el Charger y apagó la ignición. Los chicos abrieron sus puertas en silencio, y Travis se deslizó al asiento de atrás, levantándome en sus brazos.
— ¿Qué pasó? Mierda, Trav, ¿qué le sucedió a tu rostro? —Dijo América, corriendo escaleras abajo.
—Te lo diré adentro, —dijo Shepley, guiándola hacia la puerta.
Travis me llevó por las escaleras, a través del living y por el pasillo sin decir palabra alguna, recostándome sobre su cama. Toto manoseaba mis piernas, saltando sobre la cama para lamerme el rostro.
—Ahora no, amigo, —dijo Travis en voz baja, llevando el cachorro a la sala y cerrando la puerta.
Se arrodilló delante de mí, tocando las puntas rotas de la manga. Su ojo estaba comenzando a ponerse rojo e hinchado. La piel sobre él tenía un corte y estaba húmedo con la sangre. Sus labios estaban manchados de púrpura, y sus nudillos estaban lastimados. Su camiseta blanca estaba manchada con la combinación de sangre, hierba y tierra.
Le toqué el ojo e hizo una mueca de dolor, alejando mi mano. —Lo siento mucho, Pigeon. Traté de llegar a ti. Lo intenté… —Se aclaró la garganta, tragándose la ira y preocupación que lo atragantaban—. No podía llegar a ti.
— ¿Puedes preguntarle a América si puede llevarme a Morgan ahora? —Dije.
—No puedes ir allí esta noche. El lugar está plagado de policías. Quédate aquí. Dormiré en el sofá.
Tomé una respiración vacilante, tratando de no llorar. Él ya se sentía bastante mal.
Travis se levantó y abrió la puerta.
— ¿A dónde vas? —Le pregunté.
—Tengo que tomar una ducha. Ya vuelvo.
América lo empujó a un lado, sentándose a mi lado en la cama, tirando de mí hacia su pecho. — ¡Siento tanto no haber estado allí! —Exclamó.
—Estoy bien, —le dije, secándome la cara manchada de lágrimas.
Shepley tocó a la puerta al entrar, trayéndome un vaso pequeño lleno de whisky.
—Toma, —dijo, entregándoselo a América. Ella envolvió mis manos alrededor de él y me dio un codazo.
Incliné la cabeza hacia atrás, dejando el líquido fluir por mi garganta. Hice una mueca cuando el whisky quemó mi garganta y estómago. —Gracias, —dije, entregándole el vaso vacío a Shepley.
—Debí haber llegado a ti más rápido. Ni siquiera me di cuenta de que ella se había ido. Lo siento, Abby. Debí de…
—No es tu culpa, Shep. No es culpa de nadie.
—Es la culpa de Ethan, —bulló—. Ese bastardo estaba jodiéndola contra la pared.
— ¡Bebé! —Dijo América, tirando de mí a su lado.
—Necesito otro trago, —le dije.
—Yo también, —dijo Shepley, volviendo a la cocina.
Travis entró con una toalla envuelta en su cintura, con una lata de cerveza fría contra su ojo. América salió de la habitación sin decir una palabra cuando Travis se puso sus calzoncillos y luego agarró la almohada. Shepley y América trajeron cuatro vasos esta vez, todos llenos hasta el tope con licor. Todos tragamos el whisky sin dudarlo.
—Te veré en la mañana, —dijo América, besando mi mejilla.
Travis tomó mi copa, colocándola en la mesita de noche. Él me miró un momento y luego se acercó a su armario, tirando de una camiseta de la percha y arrojándola a la cama.
—Siento ser un cabrón, —dijo, sosteniendo la cerveza contra su ojo.
—Tienes un aspecto horrible. Te sentirás como una mierda mañana.
Él negó con la cabeza, disgustado. —Abby, fuiste atacada esta noche. No te preocupes por mí.
—Es difícil no hacerlo cuando tu ojo está tan inflamado, —le dije, situando su camisa sobre mi regazo.
Su mandíbula se tensó. —Esto no hubiera pasado si te hubiese dejado con Parker. Pero sabía que si te preguntaba, vendrías. Quería demostrarle que aún eres mía, y después saliste lastimada.
Las palabras me tomaron por sorpresa, como si no lo hubiera oído bien. — ¿Por eso me preguntaste que te acompañara esta noche? ¿Para probarle un punto a Parker?
—Algo así, —dijo, avergonzado.
La sangre abandonó mi rostro. Por primera vez desde que nos conocimos, Travis me había engañado. Yo había ido a Hellerton con él pensando que él me necesitaba, pensando que a pesar de todo, estábamos de vuelta a donde estábamos antes. No era más que una bebida hidratante, él había marcado su territorio, y yo se lo había permitido.
Mis ojos se llenaron de lágrimas. —Fuera de aquí.
—Pigeon, —dijo, dando un paso hacia mí.
— ¡FUERA! —Dije, cogiendo la copa de la mesita de noche y arrogándosela. Se agachó, y ésta se estrelló contra la pared en cientos de fragmentos pequeños—. Te odio.
Travis exhaló como si el aire hubiese sido eliminado de él y con una expresión de dolor, me dejó sola.
Me deshice de mi ropa, tirando su camiseta sobre mi cabeza. El ruido que abandonó mi garganta me sorprendió. Había pasado un largo tiempo desde que sollozaba incontrolablemente. Después de unos momentos, América entró en la habitación.
Ella se metió en la cama y envolvió sus brazos alrededor de mí. No me hizo preguntas o trató de consolarme, sólo me sostuvo mientras dejaba que las lágrimas se estrellaran contra la almohada.
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